De una planta a una experiencia de convivencia: Origen del café

Imagen Especial// Día Internacional del Café
Antes de convertirse en el compañero de las mañanas, de las jornadas laborales y de las conversaciones interminables, el café tuvo que recorrer miles de kilómetros.
La historia de esta bebida comienza en África, específicamente en Etiopía, donde el cafeto crecía de manera silvestre.
Mucho antes de la producción del café como se conoce actualmente, las comunidades de esa región ya tenían contacto con los frutos de esta planta.
Con el paso del tiempo, el café cruzó el mar Rojo y llegó a Yemen, en la península arábiga. Fue ahí donde comenzó a desarrollarse una de las formas que conocemos actualmente: el grano tostado y preparado como bebida.
Desde entonces, su expansión fue imparable. El café pasó por el mundo árabe, llegó a Europa y posteriormente cruzó el Atlántico hasta América.
Pero ¿cómo terminó una planta africana formando parte de la identidad gastronómica de México y, particularmente, de Puebla?
La leyenda del pastor y las cabras alborotadas por el café

La leyenda cuenta que un pastor llamado Kaldi, en Etiopía, observó que sus cabras se comportaban de manera particularmente activa después de comer unos pequeños frutos rojos de un arbusto.
Intrigado, habría llevado los frutos a un monasterio. Según el relato, un monje los arrojó al fuego y, al percibir el aroma que desprendían, comenzó el camino que llevaría al descubrimiento del café.
Esta historia ha sido contada durante siglos como el origen del café, pero no existe evidencia histórica suficiente para considerarla un hecho comprobado, aunque sin duda, es una buena historia.
Yemen: cuando el café comenzó a despertar al mundo
Fue en Yemen, alrededor del siglo XV, donde el café empezó a cultivarse y consumirse como lo hacemos actualmente.
Los granos eran tostados, molidos y preparados con agua caliente.
Y aquí aparece una característica que todavía define nuestra relación con el café: su capacidad para mantenernos despiertos.
La bebida comenzó a ser utilizada por personas que necesitaban mantenerse alertas durante largos periodos, entre ellas quienes participaban en sesiones nocturnas de oración.

Así comenzó a relacionarse el café con la vigilia, la concentración y el estado de alerta.
Después, comenzó a formar parte de reuniones sociales, espacios de conversación, estudio y convivencia.
En otras palabras, mucho antes de convertirse en el clásico “necesito un café para despertar”, ya era una bebida con una dimensión social.
De Arabia a Europa
Durante los siglos XVI y XVII, el café se extendió por diferentes regiones del mundo árabe y posteriormente llegó a Europa.
Las primeras cafeterías comenzaron a convertirse en puntos de encuentro, donde se reunían comerciantes, escritores, políticos, intelectuales y ciudadanos para conversar y compartir información mientras tomaban un café.
Entonces, el café empezó entonces a tener una nueva función: reunir a las personas.
Y desde Europa, el café emprendió otro de sus largos viajes: América.
¿Cuándo llegó el café a México?

La llegada del café a México ocurrió durante el periodo colonial, aunque existen diferentes versiones sobre la fecha y la ruta exactas.
Se dice que en 1740 llegaron plantas procedentes de Martinica a México a través de colonos franceses, aunque también se habla de la introducción de plantas procedentes de Cuba hacia finales del siglo XVIII, en la región de Córdoba, Veracruz.
Y bueno, aunque los registros difieren en los detalles, existe un punto fundamental: Veracruz se convirtió en una de las grandes puertas de entrada y expansión del café en México.
Las condiciones de su territorio: humedad, temperaturas adecuadas y zonas montañosas, favorecieron la adaptación de los cafetos.
Poco a poco, el cultivo comenzó a extenderse hacia otras regiones del país.
Veracruz y el nacimiento del café mexicano
Córdoba, Veracruz, tuvo un papel fundamental en esta historia, gracias a su ambiente favorable para desarrollarse y posteriormente convertirse en una actividad agrícola de importancia.
Durante el siglo XIX, el cultivo comenzó a expandirse y México empezó a consolidarse como productor.
Pero el café no permaneció únicamente en Veracruz.
Las plantas llegaron a otras zonas con características climáticas similares, entre ellas Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Puebla.
Y fue precisamente en las regiones montañosas de Puebla donde el cafeto encontró otro hogar.
¿Cómo llegó el café a Puebla?

La expansión del cultivo hacia Puebla estuvo relacionada con las condiciones naturales de diferentes regiones del estado.
La Sierra Norte de Puebla, con sus montañas, humedad, temperaturas templadas y abundante vegetación, ofreció un entorno favorable para el cultivo del cafeto.
El cultivo también se desarrolló en las Sierras Nororiental y Negra.
Con el paso del tiempo, el café se convirtió en una actividad económica importante para numerosas comunidades.
Hoy, Puebla forma parte de los principales estados productores de café de México y el cultivo tiene presencia especialmente en las zonas serranas.
Aunque cabe aclarar que el café no simplemente llegó y se sembró: las comunidades fueron adaptándolo a las condiciones locales y desarrollaron formas propias de producción.
Uno de los sistemas característicos es el café bajo sombra, en el que los cafetos crecen acompañados de otros árboles y plantas.
De esta manera, una especie originaria de África terminó integrándose a los paisajes, economías y tradiciones de las comunidades poblanas.
Puebla también aprendió a convivir con el café
Mientras el cultivo se desarrollaba en las zonas rurales, el consumo comenzó a formar parte de la vida urbana.
Para el siglo XIX, el café ya había adquirido presencia en espacios públicos.
Se dice que hay cafeterías en la ciudad de Puebla desde 1876, cuando la taza de café dejó de ser solamente una bebida asociada con el campo.
El café comenzó a formar parte de las conversaciones, reuniones y momentos cotidianos, como un simple desayuno con pan y café.
Entonces, ¿el café siempre se tomó para despertar?

Si bien, muchas personas relacionan automáticamente el café con levantarse por la mañana o tener energía para comenzar el día, no siempre se tuvo esa misma idea.
Científicamente comprobado, la cafeína es un estimulante que puede aumentar temporalmente el estado de alerta y disminuir la sensación de cansancio.
Pero la historia del café demuestra que su papel siempre fue mucho más amplio.
En Yemen se utilizó para ayudar a mantenerse despierto durante actividades religiosas.
Para las cafeterías árabes y europeas se convirtió en una bebida social.
En América se integró a diferentes culturas.
Y en México terminó formando parte de una tradición gastronómica que incluye distintas formas de prepararlo y consumirlo.
Por eso, cuando alguien dice “necesito un café”, no necesariamente está hablando solamente de sueño, puede referirse a una conversación, una pausa a su rutina, un punto de convivencia, o cualquier otra excusa.
Y en Puebla existe un “pasaporte” para recorrer el mundo del café
La historia del café no se quedó en las plantaciones.

En Puebla también existe una comunidad que busca que las personas conozcan más sobre esta bebida y, de paso, descubran las barras de café de especialidad que existen en el estado.
Se trata del Pasaporte del Café de Especialidad Puebla, una iniciativa que comenzó con una ruta de cafeterías y que ha ido creciendo con sus diferentes ediciones.
En sus primeras ediciones participaron poco más de 20 establecimientos. Para la segunda edición, la cifra llegó a 42 cafeterías, incluyendo lugares de Puebla, Cholula y Atlixco.
Y para 2026 llegó la tercera edición, que actualmente reúne 52 barras de café de especialidad en Puebla y sus alrededores.
El pasaporte funciona como una especie de guía gastronómica y, al mismo tiempo, como una invitación a recorrer diferentes cafeterías.
Para conseguir un sello, basta con consumir al menos una bebida con café en una de las barras participantes.
Más que tomar café, conocerlo
La propuesta resulta interesante porque transforma el acto cotidiano de tomar café en una especie de recorrido.
No se trata solamente de pedir una taza y marcharse.
La intención del proyecto es acercar a los consumidores al trabajo que existe detrás de una bebida de especialidad y generar una comunidad alrededor del café.
Detrás de una taza pueden participar decenas de personas.
La historia del café sin duda es por demás interesante, pero el cómo se fue volviendo una actividad de convivencia, lo es aún más.
Y ahora incluso existe una manera de recorrer esa historia taza por taza.
