Del “no al fracking” a ponerlo a discusión: Sheinbaum

Imagen Especial// Los contras del fracking que se quiere seguir usando en México, pese a que se dijo que no
“Yo nunca lo dije en campaña”, respondió la presidenta Claudia Sheinbaum al ser cuestionada sobre su postura frente al fracking y sobre un supuesto compromiso de no utilizar esta técnica durante su gobierno.
La declaración generó polémica debido a que existe un registro en video de un acto de campaña del 1 de marzo de 2024, en el que la entonces candidata presidencial se pronunció de manera directa: “No al fracking”.
Sin embargo, dos años después, la postura del Gobierno federal ha tomado otro rumbo.
Sheinbaum ha explicado que no se trata de regresar al fracking tradicional, sino de analizar nuevas tecnologías y métodos que permitan extraer gas natural con menores impactos ambientales.
La presidenta ha señalado que la decisión no será exclusivamente política, sino que dependerá de la evaluación de especialistas y científicos.
Entre las condiciones que se han puesto sobre la mesa está la disponibilidad de agua salada para realizar el proceso, con el objetivo de evitar utilizar agua destinada al consumo humano.
El debate de un “fracking” más limpio que causa conflicto
El debate ocurre en un momento en el que México busca aumentar su producción de gas natural y disminuir su dependencia de las importaciones provenientes de Estados Unidos.
Pero esta semana apareció un nuevo elemento: el comité de expertos encargado de analizar el tema recomendó no realizar fracking en la cuenca Tampico-Misantla.
Para otras regiones, planteó que, en caso de autorizarse, tendría que estar sujeto a condiciones ambientales, entre ellas el uso de agua salada.
La discusión, por lo tanto, no está cerrada. El Gobierno no ha planteado una autorización general para utilizar esta técnica, pero sí ha dejado de descartarla por completo.
Y aquí surge la pregunta: ¿qué es realmente el fracking y por qué genera tanta preocupación?
¿Cómo funciona y por qué es polémico?
El fracking, o fracturación hidráulica, es una técnica utilizada para extraer gas natural y petróleo atrapados en formaciones rocosas profundas, particularmente en yacimientos no convencionales.
El proceso comienza con la perforación de un pozo que puede alcanzar varios kilómetros de profundidad.
Una vez dentro de la formación geológica, se inyecta un fluido a muy alta presión, compuesto principalmente por agua, arena y pequeñas cantidades de distintos aditivos.
La presión genera pequeñas fracturas en la roca. La arena ayuda a mantenerlas abiertas para que los hidrocarburos puedan desplazarse hacia el pozo y posteriormente ser extraídos.
A simple vista podría parecer un procedimiento sencillo. El problema está en la escala y en los riesgos que implica.
Uno de los principales cuestionamientos es el uso y manejo del agua. La fracturación hidráulica requiere grandes volúmenes de líquido, aunque no necesariamente tiene que utilizarse agua potable.
Precisamente por ello, una de las condiciones que actualmente se analiza en México es recurrir a agua salada en lugar de agua dulce.
Otro punto de preocupación son las aguas residuales. Después del proceso, parte del fluido utilizado regresa a la superficie y puede contener sustancias químicas y elementos presentes naturalmente en las formaciones rocosas. Su manejo y disposición requieren controles estrictos.
También existe preocupación por las posibles fugas de metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono en periodos cortos.
Si se libera durante la extracción, procesamiento o transporte, puede aumentar el impacto climático de la actividad.
A esto se suma el impacto sobre el territorio: la construcción de caminos, plataformas, tuberías y otras instalaciones puede modificar ecosistemas y afectar a comunidades cercanas.
¿El fracking puede provocar sismos?
Uno de los temas que más confusión genera alrededor del fracking es su relación con los terremotos.
Sí existe una relación entre las actividades asociadas a la industria de los hidrocarburos y la sismicidad inducida, pero decir que el fracking “mueve las placas tectónicas” sería incorrecto.
La fracturación hidráulica puede generar pequeños sismos al modificar las condiciones de presión en determinadas formaciones geológicas.
Sin embargo, los eventos sísmicos más importantes relacionados con la industria suelen estar asociados a la inyección de grandes cantidades de aguas residuales en pozos profundos, una actividad diferente al proceso de fracturación en sí.
En resumidas cuentas, no significa que cada pozo de fracking vaya a provocar un terremoto. El riesgo depende de factores geológicos, de la profundidad, de las características de las fallas cercanas y de cómo se manejen los fluidos.
México lleva décadas utilizando la fracturación hidráulica
Aunque el debate actual puede hacer parecer que el fracking es una práctica nueva para México, lo cierto es que el país lleva alrededor de tres décadas utilizando esta tecnología.
De acuerdo con registros de CartoCrítica, la primera fracturación hidráulica documentada en México ocurrió el 26 de enero de 1996, en el pozo Jacinto-5, ubicado en Tabasco.
Ese mismo año, la técnica comenzó a utilizarse también en pozos de Veracruz, Tamaulipas y Nuevo León. Posteriormente, su aplicación se extendió a otras regiones.
El uso de la fracturación hidráulica cobró especial relevancia con la búsqueda y explotación de recursos no convencionales, particularmente gas y petróleo de lutitas.
Por ello, la discusión actual no parte de cero.
México ya tiene experiencia con esta tecnología, pero ahora enfrenta una nueva decisión: determinar si las condiciones actuales, las nuevas tecnologías y las medidas ambientales disponibles son suficientes para permitir su utilización de manera más controlada.
Por más precauciones que se tomen, el fracking es riesgoso
El debate tampoco se reduce a estar “a favor” o “en contra” del fracking.
México busca producir su propio gas natural y reducir su dependencia de Estados Unidos. Pero la pregunta de fondo permanece: ¿cuánto está dispuesto a arriesgar el país para conseguirlo?
El fracking no es una tecnología nueva en México y sus posibles impactos —sobre el agua, el territorio, las emisiones y la sismicidad inducida— mantienen abierto el debate entre especialistas, autoridades y ambientalistas.
El Gobierno federal tiene frente a sí una decisión que va más allá de producir gas: definir si la necesidad energética justifica asumir los riesgos ambientales que implica extraerlo mediante fracturación hidráulica.
Porque el verdadero dilema no es solamente tener más gas, sino decidir qué precio ambiental está dispuesto a pagar México por obtenerlo.
Después de años de escuchar un contundente “no al fracking”, la técnica vuelve a estar sobre la mesa. Y esta vez, la pregunta ya no es si México necesita gas, sino hasta dónde está dispuesto a llegar para conseguirlo.




