Los “dobles sobrevivientes” de Hiroshima: el lado oscuro de la ciencia
Luz repentina, calor extremo y de un segundo a otro mucha oscuridad, devastación y tristeza. A 81 años de Hiroshima y Nagasaki, te contamos todo lo que ocurrió

Imagen Especial// Collage con fotos del archivo de google de la tragedia de Hiroshima y Nagasaki
Un 6 de agosto de 1945, Hiroshima se convirtió en cenizas y humo.
A las 8:15 de la mañana, una explosión cambió para siempre la historia de la humanidad.
Una devastadora bomba atómica estalló sobre la ciudad japonesa, dejando a su paso siluetas impresas de lo que alguna vez fueron personas, animales, casas y edificios.
La bomba de uranio «Little Boy«, la primera arma nuclear utilizada en una guerra, explotó a unos 600 metros de altura, mucho antes de tocar el suelo, con el objetivo de destruir la mayor superficie posible.
Durante la Segunda Guerra Mundial, tras años de combates en el Pacífico, Estados Unidos decidió emplear un arma capaz de provocar una destrucción nunca antes vista para acelerar la rendición de Japón.
El resultado marcó el inicio de la era nuclear y cambió para siempre la forma en que el mundo entendería la guerra.
«Ahora me he convertido en la muerte»: Oppenheimer tras la devastación de su propia creación
Para desarrollar la bomba atómica, Estados Unidos reunió a algunos de los científicos más destacados de la época dentro del Proyecto Manhattan.
Al frente estaba el físico teórico estadounidense Julius Robert Oppenheimer, quien dirigió el desarrollo de la primera arma nuclear.

El 16 de julio de 1945 se realizó la prueba «Trinity», la primera detonación nuclear de la historia, en el desierto de Nuevo México.
Al contemplar el poder de la explosión, Oppenheimer recordó una frase del texto sagrado hindú Bhagavad Gita, palabras que quedarían para siempre ligadas a su nombre:
«Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos.»
Menos de un mes después, el 6 de agosto, «Little Boy» fue lanzada sobre Hiroshima. Tres días más tarde, el 9 de agosto, una segunda bomba, «Fat Man», cayó sobre Nagasaki.
Dobles sobrevivientes: Hiroshima y Nagasaki
Un destello cegador. Después, un calor insoportable. Finalmente, un silencio que solo era interrumpido por los incendios y los gritos de quienes seguían con vida.
Así describieron muchos sobrevivientes los primeros segundos tras la explosión.
Para ellos, todo ocurrió tan rápido que al principio no comprendían qué había sucedido. En cuestión de instantes, edificios completos desaparecieron, otros quedaron envueltos en llamas y miles de personas quedaron atrapadas entre los escombros.
Quienes lograron sobrevivir presentaban quemaduras nunca antes vistas. Muchos fallecieron semanas, meses o incluso años después debido a los efectos de la radiación.
En Hiroshima, numerosos testigos también relataron la caída de una extraña «lluvia negra», formada por ceniza, polvo y partículas radiactivas.
Las explosiones fueron tan intensas que, en algunos lugares, el calor dejó impresas sobre muros y banquetas las siluetas de personas que desaparecieron en un instante. Otros sobrevivientes aseguraron haber visto cuerpos completamente calcinados.

A las personas afectadas por las bombas atómicas se les conoce como hibakusha. Entre ellas hubo un grupo aún más extraordinario: quienes sobrevivieron tanto a Hiroshima como a Nagasaki.
A estos se les reconoce como dobles sobrevivientes o nijū hibakusha, testimonios vivientes de una de las mayores tragedias de la historia.
El lado oscuro de la ciencia: la tragedia mejor planeada del mundo
Más de ocho décadas después, Hiroshima y Nagasaki siguen recordando que el mayor avance científico del siglo XX también produjo una de las mayores tragedias de la humanidad.
Las voces de los hibakusha sobreviven para advertir que detrás de cada cifra hubo familias, ciudades enteras y vidas que desaparecieron en segundos.
Ese es, quizá, el lado más oscuro de la ciencia: cuando el conocimiento deja de servir para preservar la vida y se convierte en el instrumento de su destrucción.




