17 de octubre: cuando las mexicanas conquistaron la palabra en las urnas

El 17 de octubre de 1953 se reconoció en México a las mujeres su derecho a votar y ser electas a nivel federal

Voto-mujer

De la exclusión al reconocimiento, las mujeres transformaron su “debilidad” en la fuerza que cambió el rumbo del país

Celia Sánchez

Históricamente, las mujeres siempre fueron desplazadas en la sociedad por ser consideradas el género “débil y sensible”, pero esta misma sensibilidad, ha logrado cambios trascendentales en la historia de México y el mundo como lo conocemos.


Cada 17 de octubre, México conmemora uno de los hitos más importantes en su historia democrática: la reforma constitucional de 1953 que reconoció a las mujeres su derecho a votar y ser electas a nivel federal.


Aunque el derecho al voto femenino fue reconocido a nivel municipal años antes, fue hasta el 17 de octubre de 1953 cuando el presidente Adolfo Ruiz Cortines promulgó las reformas a los artículos 34 y 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, estableciendo la ciudadanía plena de las mujeres.


El nuevo texto, decía lo siguiente:


“Son ciudadanos de la República los varones y las mujeres que teniendo la calidad de mexicanos reúnan, además, los siguientes requisitos:
I. Haber cumplido 18 años siendo casados o 21 si no lo son y
II. Tener un modo honesto de vivir.
Asimismo, se reforma el artículo 115 constitucional para suprimir el párrafo que otorgaba a la mujer el voto en elecciones municipales”.


LA OFICIALIZACIÓN DE UN “NUEVO” DERECHO


Estas reformas fueron publicadas en el Diario Oficial de la Federación, lo que formalizó la participación femenina en elecciones federales.


Sin embargo, las mujeres no votaron a nivel federal hasta las elecciones del 3 de julio de 1955, ¿por qué?
Bueno, influyeron muchos factores sociales, políticos y sobre todo culturales.


Pensémoslo así: una sociedad, acostumbrada a desplazar a las mujeres de toda injerencia que no fuera el hogar y los hijos (y quizá algunas pocas con trabajos rebajados al estereotipo femenino), de un día para el otro, decide que la mujer también puede intervenir en algo tan polémico como la política.

Ahora bien, la política también influyó mucho: no había elecciones federales próximas, por lo que había que esperar hasta 1955.


En este sentido, ayudó igualmente para tener todo listo, pues había que actualizar los padrones electorales, ya que en estos sólo figuraban hombres.


No era un proceso sencillo, se tenía que hacer un censo extraordinario de aquellas mujeres mayores de 18 años, expedir las credenciales y organizar a los distritos.


Volviendo al factor cultural y social, muchos hombres se opusieron a esta nueva reforma, pensando que las mujeres (sentimentales), no deberían interferir en algo tan importante como la política.


Por ejemplo, Gabriela Cano, en su libro Democracia y Género, explica que muchos discursos en contra del voto de la mujer apelaban a una supuesta “inmadurez política”, como que las mujeres serían más influenciables por la Iglesia, o que no estaban preparadas para participar en elecciones.

LAS QUE HICIERON ESTO POSIBLE


La exigencia del derecho al voto en las mujeres no fue para nada nueva; años antes, muchas mujeres e incluso hombres (y hasta gobiernos municipales), sembraron la idea del sufragio femenil.


Destaca Hermelia Galindo (1886-1954), quien lamentablemente no alcanzó a ver su deseo realizado, pero fue una de las primeras feministas en plantear públicamente el derecho al voto de las mujeres.


Además, en 1916 participó en el Primer Congreso Feminista de Yucatán, donde defendió la igualdad política entre hombres y mujeres, pero no sólo eso, creó su propia revista “La Mujer Moderna”, para alzar su voz y explicandr la importancia de la participación democrática femenina.


Fue una “rebelde” que en 1917, se postuló para diputada federal, aunque obviamente su candidatura no figuró como oficial.


Otro nombre que debemos recordar, es el de Elvia Carrillo Puerto (1878–1968), o, “La Monja Roja del Mayab”, luchó por los derechos políticos y reproductivos de las mujeres en Yucatán, además de fundar la Liga Feminista Rita Cetina Gutiérrez en 1912.


Para 1923, Elvia fue una de las tres primeras diputadas locales en México, elegida en Yucatán, antes de que el voto femenino fuera reconocido a nivel federal, impulsada por la alianza de su hermano, el gobernador Felipe Carrillo Puerto, quien promovió la participación política de las mujeres.


Por otro lado, una maestra y activista michoacana, Refugio García Martínez (1905–1983), más de 500 mil firmas que presentó al Congreso en 1937 para solicitar la reforma constitucional que reconociera el voto femenino.
Aunque el presidente Cárdenas firmó la iniciativa, el Congreso no la ratificó.


Gracias a estas mujeres y muchas otras, hoy en día, no sólo votar es un derecho para las mujeres: con este cambio de estructura social, las mujeres demostraron su capacidad para liderar e incluso hacer cambios significativos en la sociedad y el mundo. Este 17 de octubre no sólo celebramos el reconocimiento del voto de la mujer mexicana, celebramos el reconocimiento de lucha de tantas mujeres que buscaron ser escuchadas en una sociedad que las hacía de lado.


No por nada, tenemos a la primera presidenta mujer de México, Claudia Sheinbaum Pardo, como algo que ni las más rebeldes de años atrás, hubieran pensado posible.

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