21 de agosto de 2026

La pandemia que no terminó al salir del encierro: Trastornos mentales se dispararon por COVID 19

La pandemia que no terminó al salir del encierro: Trastornos mentales se dispararon en 2019

Imagen recuperada del archivo de google// UNAM// Crisis sanitaria por el COVID 19

La pandemia del COVID 19 dejó una huella profunda en la salud mental mundial.

Ansiedad y depresión se dispararon durante la pandemia, afectando especialmente a jóvenes y mujeres. Detrás de las cifras hay millones de personas que enfrentaron pérdidas, aislamiento, miedo e incertidumbre.

Una crisis que ya existía antes del COVID-19

La pandemia de COVID-19 no creó la crisis mundial de salud mental, pero sí la profundizó.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2019, antes de la emergencia sanitaria, alrededor de 970 millones de personas en el mundo vivían con algún trastorno mental. De ellas, aproximadamente el 82% se encontraba en países de ingresos bajos y medianos.

Los trastornos de ansiedad representaban cerca del 31% de los casos, seguidos por los trastornos depresivos, con alrededor del 28.9%.

También se encontraban trastornos del desarrollo intelectual, trastorno por déficit de atención e hiperactividad y otras condiciones.

Estas cifras muestran que el problema ya era de dimensiones globales. Sin embargo, la llegada del coronavirus provocó un aumento considerable de algunos de los trastornos más frecuentes.

Ansiedad y depresión: las cifras que se dispararon

En 2019, aproximadamente 301 millones de personas tenían algún trastorno de ansiedad, mientras que 280 millones padecían trastornos depresivos.

Con la llegada de la pandemia, estas cifras cambiaron de manera significativa.

PANDEMIA CRISIS DEL 2020
Foto: Manu Médicos llorando durante la pandemia Fernández / AP

La OMS estimaba que, antes del ajuste por los efectos de la pandemia, en 2020 había alrededor de 193 millones de personas con trastorno depresivo mayor y 298 millones con trastornos de ansiedad.

Después de considerar el impacto de la pandemia, las estimaciones aumentaron a aproximadamente 246 millones de personas con trastorno depresivo mayor y 374 millones con trastornos de ansiedad.

Esto representa un incremento aproximado de 28% en el trastorno depresivo mayor y 26% en los trastornos de ansiedad en apenas un año.

Detrás de estos porcentajes estuvieron factores que transformaron la vida cotidiana de millones de personas: el confinamiento, el aislamiento social, el miedo al contagio, la incertidumbre económica, la pérdida de empleos y, para muchas familias, la muerte de seres queridos.

Una generación marcada por el aislamiento

Aunque la pandemia afectó a prácticamente todos los grupos de edad, la salud mental de los jóvenes sufrió un impacto particularmente importante.

La OMS identificó mayores cambios en la prevalencia de depresión y ansiedad entre los grupos de menor edad que entre los adultos mayores.

El cierre de escuelas, la interrupción de las actividades cotidianas y la reducción de la interacción social modificaron de manera abrupta la vida de niños, adolescentes y jóvenes.

Para una generación acostumbrada a construir buena parte de sus vínculos a través de la convivencia escolar, universitaria, deportiva o comunitaria, el aislamiento significó mucho más que permanecer en casa.

Significó perder temporalmente espacios de convivencia, rutinas, proyectos y, en algunos casos, momentos fundamentales de desarrollo personal.

Mujeres, entre los grupos más afectados

Las diferencias también aparecen cuando se analiza la salud mental desde una perspectiva de género.

De acuerdo con la OMS, los trastornos depresivos y de ansiedad son aproximadamente 50% más frecuentes en mujeres que en hombres a lo largo de la vida.

AISLAMIENTO COVID 19
Imagen de Getty Images // Aislamiento durante el COVID 19

En contraste, los hombres presentan una mayor probabilidad de desarrollar trastornos relacionados con el consumo de sustancias psicoactivas.

Estas diferencias no pueden entenderse únicamente desde la biología. Las condiciones sociales, económicas, familiares y laborales también pueden influir en la salud mental y en las posibilidades de acceder a atención especializada.

Cuando la salud mental también puede acortar la vida

Hablar de salud mental no significa hablar únicamente de tristeza, estrés o preocupación.

Los trastornos mentales graves pueden tener consecuencias profundas sobre la salud física, las relaciones personales, la vida laboral y la esperanza de vida.

La OMS advierte que las personas con problemas graves de salud mental pueden morir entre 10 y 20 años antes que la población general.

Esto evidencia que la salud mental y la salud física no son dos realidades separadas. Ambas están profundamente relacionadas y requieren atención, prevención y tratamiento oportuno.

Suicidio: una de las consecuencias más dolorosas

Otra de las cifras más preocupantes corresponde al suicidio.

En 2019 se registraron aproximadamente 703 mil muertes por suicidio en el mundo.

Aunque la cifra continúa siendo alarmante, la OMS señala que la tasa mundial de suicidio había disminuido alrededor de 36% entre 2000 y 2019.

Cada número, sin embargo, representa una historia, una familia y una ausencia que permanece.

Por eso, reducir las tasas de suicidio no depende únicamente de atender una emergencia.

También implica fortalecer la prevención, detectar señales de alerta, combatir el estigma y garantizar que las personas puedan recibir ayuda profesional cuando la necesitan.

La salud mental después de la pandemia

El fin de las restricciones sanitarias no significó el fin de las consecuencias emocionales de la pandemia.

Para muchas personas, regresar a la normalidad significó intentar reconstruir una vida que había cambiado: recuperar empleos, retomar estudios, enfrentar pérdidas familiares, adaptarse nuevamente a la convivencia social o aprender a vivir con las consecuencias económicas y emocionales de aquellos años.

La pandemia dejó una lección que difícilmente puede ignorarse: la salud mental también es salud.

Y aunque los números permiten dimensionar el tamaño del problema, no cuentan por sí solos lo que significa vivir con ansiedad, depresión, miedo o soledad.

Más allá de las cifras

Hablar de salud mental no debería ser un ejercicio reservado para las estadísticas o para los consultorios. También debe formar parte de las conversaciones cotidianas.

Porque detrás de los 970 millones de personas contabilizadas antes de la pandemia hay madres, padres, hijos, estudiantes, trabajadores, amigos y compañeros que, muchas veces, enfrentaron su dolor en silencio.

La pandemia nos obligó a detenernos, a aislarnos y a reconocer nuestra vulnerabilidad. Ahora el reto es no volver a ignorarla.

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