Tatuajes: la marca que la historia convirtió en un prejuicio

Los tatuajes tienen más de 5 mil años de historia y, aunque hoy son una forma de expresión personal, durante siglos fueron asociados con criminales, esclavos y pandillas

Tatuajes: la marca que la historia convirtió en un prejuicio

Originalmente, los tatuajes eran para marcar esclavos, prisioneros y ladrones, para después ser usados por pandillas// Imagen generada con IA

Para muchas personas, los tatuajes todavía están asociados con la delincuencia o con una «mala imagen».

Esto no es casualidad: este estigma tiene un origen histórico y cultural que se remonta a miles de años.

Los tatuajes existen desde hace más de 5 mil años.

La evidencia más antigua de un ser humano tatuado corresponde a Ötzi, el Hombre de Hielo, una momia descubierta en los Alpes del año 3300 a. C. aproximadamente.

Su cuerpo conserva más de 60 tatuajes que, según los investigadores, probablemente tenían fines terapéuticos o rituales.

Pero, el tatuaje alcanzó un importante desarrollo en la Polinesia, de donde proviene la palabra tatau, origen del término «tatuaje».

El origen de los tatuajes, el lenguaje corporal de los polinesios
Imagen de National Geographic// La palabra «tatuaje» deriva de la lengua tahitiana en la que «tatau» significa marcar o golpear.

Para muchas culturas el arte corporal representaba identidad, linaje, valentía, estatus social y logros personales.

En el antiguo Egipto, los tatuajes eran frecuentes, especialmente entre mujeres, y estaban relacionados con la protección, la fertilidad y la espiritualidad.

Por su parte en Japón, el irezumi evolucionó hasta convertirse en una compleja expresión artística, aunque con el paso del tiempo también adquirió distintos significados.

¿Por qué los tatuajes fueron estigmatizados?

La percepción negativa de los tatuajes no surgió por el arte corporal en sí, sino por el uso que algunas sociedades les dieron.

En la antigua Roma, por ejemplo, era común tatuar a esclavos, prisioneros y criminales para identificarlos. Esta práctica contribuyó a que los tatuajes comenzaran a relacionarse con personas consideradas marginadas.

Con la expansión del cristianismo en Occidente, algunos sectores interpretaron que modificar el cuerpo era contrario a la voluntad divina.

Aunque esta visión no ha sido compartida por todas las iglesias ni en todas las épocas, también influyó en que los tatuajes fueran mal vistos durante siglos.

Más adelante, entre los siglos XIX y XX, el estigma se fortaleció debido a que diversas organizaciones criminales utilizaron los tatuajes como símbolo de pertenencia. Uno de los casos más conocidos es la yakuza japonesa, cuyos integrantes portaban elaborados tatuajes de cuerpo completo como muestra de identidad y lealtad.

Tatuajes de la Yakuza Japonesa
Imagen recuperada de Google de tatuajes de la Yakuza Japonesa//Tienda tokio

Algo similar ocurrió con la mafia rusa, donde los tatuajes funcionaban como un auténtico lenguaje visual: su ubicación, diseño y contenido podían revelar el rango dentro de la organización, el tiempo en prisión o los antecedentes del portador.

En América, pandillas como la Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio 18 también utilizaron durante años tatuajes visibles con números, letras o símbolos para identificar a sus integrantes.

Sin embargo, en la actualidad muchos de sus miembros han dejado de portar estas marcas para evitar ser identificados por las autoridades.

Tatuajes de Mara Salvatrucha
Los tatuajes de la Mara Salvatrucha (MS-13) funcionan como un lenguaje visual complejo que detalla el rango, los crímenes y la lealtad de un miembro// Imagen de google

Un estigma que poco a poco desaparece

Con el paso del tiempo, los tatuajes han dejado de ser exclusivos de ciertos grupos y hoy son considerados una forma de expresión artística, cultural y personal.

Cada vez es más común encontrar personas tatuadas en profesiones como la medicina, el derecho, la docencia, la ciencia o los negocios.

Aun así, el estigma no ha desaparecido por completo.

Algunas personas, especialmente de generaciones mayores o con determinadas creencias culturales, siguen asociando los tatuajes con conductas negativas.

La realidad es que un tatuaje no define el carácter, los valores ni la calidad humana de una persona.

Hoy, más que un símbolo de rebeldía o criminalidad, representa una forma de contar historias, expresar identidad o recordar momentos importantes de la vida.

Y tú, ¿tienes algún tatuaje o te gustaría hacerte uno?

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