LA HERENCIA QUE NECESITÓ DEMASIADOS AMIGOS

LA HERENCIA QUE NECESITÓ DEMASIADOS AMIGOS
Durante años Olga Romero ha querido presentar la disputa por la herencia de Socorro Romero Sánchez como un asunto estrictamente familiar.
Un pleito entre particulares.
Nada más.
El problema es que cuando uno comienza a revisar quiénes han aparecido alrededor del expediente, la historia deja de parecer tan sencilla.
Porque para ser solamente una herencia, ha necesitado demasiados abogados.
Y demasiadas conexiones.
La ruta jurídica atribuida a Olga ha pasado por litigio sucesorio, nulidad testamentaria, fideicomisos, materia penal y diferentes estrategias jurídicas que han involucrado despachos y personajes de considerable peso.
Entre ellos aparece Germán del Ángel Huerta Gómez.
No es un dato menor.
Está identificado en las investigaciones abiertas como abogado autorizado en expedientes relacionados con la sucesión y la nulidad del testamento. Pero además existe otra coincidencia interesante: Germán fue funcionario durante el gobierno de Miguel Barbosa y es familiar del exgobernador.
Abogado de una parte.
Funcionario del gobierno.
Y familiar del hombre que entonces encabezaba el poder político de Puebla.
Coincidencias, seguramente.
Pero empiezan a ser muchas.
Después aparecen Santiago y José Antonio García Luque, especialistas en litigio civil, familiar, mercantil y corporativo, vinculados públicamente con la estrategia para combatir el testamento.
Más adelante la historia escala.
Ya no solamente hay abogados civiles.
Aparecen penalistas.
Entre los nombres atribuidos a esa etapa están Eduardo Amerena Minvielle y Roberto Gil Zuarth.
Este último tiene además una particularidad imposible de ignorar: independientemente del litigio de Olga, su despacho fue públicamente relacionado con asesorías jurídicas durante el gobierno de Miguel Barbosa.
Otra coincidencia.
Y todavía falta Julio Miguel Huerta Gómez.
Primo de Barbosa.
Uno de los funcionarios más cercanos a su administración.
Exsecretario de Gobernación.
Y posteriormente personaje políticamente vinculado con Olga Romero.
La investigación documental no demuestra que todos hayan actuado coordinadamente.
Tampoco demuestra por sí misma tráfico de influencias.
Y sería irresponsable afirmarlo.
Pero sí demuestra algo que merece una explicación mucho más profunda:
alrededor de una herencia supuestamente privada terminaron orbitando abogados de primer nivel, personajes relacionados con el poder político poblano y operadores provenientes de distintas áreas jurídicas.
Demasiada estructura para un simple pleito familiar.
Y aquí empieza la verdadera pregunta.
Olga tiene todo el derecho del mundo a contratar abogados y acudir a tribunales.
Lo que debe esclarecerse es si durante estos años su crecimiento político corrió únicamente en paralelo con su litigio o si, en algún momento, ambas historias comenzaron a tocarse.
Porque una cosa es tener abogados.
Otra es tener relaciones.
Y otra muy distinta sería que las relaciones políticas terminaran abriendo puertas que el expediente por sí mismo no podía abrir.
Eso todavía tendrá que demostrarse.
Pero nombres hay.
Expedientes también.
Las conexiones ya comienzan a dibujarse.
Y mientras más se revisa la historia de la herencia de Socorro Romero, menos parece una disputa donde solamente importan testamentos, parentescos y derechos sucesorios.
Empiezan a aparecer gobiernos.
Funcionarios.
Despachos.
Operadores.
Fiscalías.
Y personajes que, curiosamente, vuelven a encontrarse años después en diferentes capítulos de la misma historia.
Ésta apenas es la primera parte.
Porque detrás de la herencia que Olga Romero lleva años intentando obtener no solamente existe un expediente.
Existe una red de nombres.
Y algunos de ellos todavía tienen mucho que explicar.




