La izquierda también se va de Colombia
La fiesta democrática llegá a Colombia, las y los ciudadanos ya no quisieron más populismo y, en las urnas, decidieron darle un giro

El Confesor Colombia
La fiesta democrática llegó a Colombia. Las y los colombianos ya no quisieron más populismo. Por consecuencia, en las urnas decidieron darle un giro al rumbo que durante los últimos años imprimió el socialista Gustavo Petro a su país. Así, Colombia inicia una nueva etapa política.
Su mandato está concluyendo y los colombianos dijeron no a su gobierno, optando por un nuevo rumbo político.
Tras las elecciones presidenciales quedó demostrado que el candidato respaldado por Petro representaba la continuidad de su proyecto político. Además, terminó cargando con el hartazgo social acumulado durante los últimos años. La contienda se fue a una segunda vuelta en medio de acusaciones de intromisión por parte del gobierno en turno. Finalmente, el candidato de izquierda, Iván Cepeda, enfrentó al candidato de derecha radical, Abelardo de la Espriella, quien resultó ganador de la elección, marcando así un cambio relevante para Colombia.
El triunfo de Abelardo en la segunda vuelta fue contundente. Obtuvo el 99.65% de las actas computadas y superó a Iván Cepeda. Este resultado, para muchos, representa un revés para la izquierda latinoamericana y envía un potente mensaje desde Colombia.
Por cierto, en Perú también ganó la derecha. Keiko Fujimori es la virtual ganadora de las elecciones presidenciales. Allí también la derecha obtuvo una ventaja significativa. Aunque la contienda estuvo muy cerrada, lidera con el 50.1% de los votos frente al 49.8% del candidato de izquierda, Roberto Sánchez.
Y en este tenor, todo indica que en Brasil la izquierda también podría convertirse en historia. Los tiempos actuales parecen mostrar un creciente rechazo a los gobiernos populistas. Esos gobiernos distribuyen recursos públicos a través de programas sociales sin generar condiciones sostenibles para el crecimiento económico.
Sus críticos consideran que esos recursos podrían utilizarse para reactivar la economía y generar empleo. Así se mejoran las condiciones de vida de la población. Se evita que grupos criminales ganen terreno o que solo unos cuantos resulten beneficiados por un sistema sostenido en un doble discurso.
