El Trueque de Cholula: ¿tradición milenaria o mercado donde el dinero ya ganó?

Así luce desde dron la gran afluencia de visitantes y comerciantes. //Diego Alducin/Agencia Enfoque//
Entre frutas, artesanías, ropa y productos de la canasta básica, el tradicional Trueque de San Pedro Cholula continúa reuniendo a miles de personas cada 8 de septiembre.
Sin embargo, algo ha cambiado: cada vez es más común encontrar comerciantes que prefieren vender sus productos antes que intercambiarlos. ¿La situación económica está transformando una tradición que nació precisamente sin dinero?
Cada 8 de septiembre, la Plaza de la Concordia de San Pedro Cholula se convierte en un enorme punto de encuentro.
Desde las primeras horas del día comienzan a llegar productores, artesanos, comerciantes y familias provenientes de distintos municipios de Puebla y de otros estados para participar en una de las tradiciones más antiguas de la región.
Frutas, verduras, semillas, plantas, productos de barro, madera, palma, ropa, alimentos y hasta artículos de uso cotidiano forman parte de este intercambio.
Pero hay algo que llama la atención: aunque el nombre de la celebración sigue siendo Trueque, la dinámica no necesariamente es la misma para todos.
Hoy, algunos participantes todavía llegan con la intención de cambiar directamente sus productos por otros que necesitan. Sin embargo, también hay quienes prefieren recibir dinero a cambio de su mercancía.
Y aquí aparece la pregunta: ¿en qué momento el Trueque dejó de ser únicamente un intercambio de productos para convertirse también en una oportunidad de comercialización?

¿Qué es realmente el trueque?
La Real Academia Española define el trueque como el intercambio directo de bienes y servicios, sin que intervenga el dinero.
La idea es sencilla: una persona tiene algo que otra necesita y ambas llegan a un acuerdo para intercambiarlo.
Aunque el intercambio de productos existe desde tiempos muy antiguos, la historia del Trueque de San Pedro Cholula está relacionada con la importancia que tuvo esta ciudad como punto de encuentro y comercio desde la época prehispánica.
De acuerdo con documentos que sustentaron su reconocimiento como Patrimonio Cultural Intangible del Estado de Puebla, el Trueque cholulteca se realiza de manera espontánea cada 8 de septiembre. Personas de distintos lugares llegan a la Plaza de la Concordia con productos para intercambiarlos, manteniendo una práctica que ha pasado de generación en generación.

La tradición, además, está ligada a las festividades de la Virgen de los Remedios y forma parte de la identidad cultural de San Pedro Cholula.
¿Por qué comenzó el intercambio?
Antes de que existieran las monedas y el dinero como los conocemos actualmente, las comunidades tenían que encontrar otras maneras de conseguir aquello que necesitaban.
Una familia podía tener frutas en exceso, mientras otra contaba con maíz, herramientas, animales, textiles o algún objeto que pudiera ser útil.
Así surgió una dinámica basada en el intercambio.
Con el paso del tiempo, sin embargo, este sistema comenzó a presentar un problema: ¿cuánto vale una cosa frente a otra?
Un producto podía ser muy importante para una persona, pero no necesariamente tener el mismo valor para otra.
De ahí surgieron distintas formas de establecer equivalencias y, posteriormente, sistemas de intercambio cada vez más complejos hasta llegar al uso de monedas y dinero.

Cholula mantiene viva la tradición
A pesar de todos estos cambios, el Trueque de San Pedro Cholula no desapareció.
Por el contrario, continúa reuniendo a miles de personas cada año.
En 2025, por ejemplo, el Ayuntamiento reportó la participación de más de 3 mil 300 artesanos y una asistencia superior a 100 mil visitantes durante los dos días de actividades.
Este 2026, la escena volvió a repetirse. Desde temprano, la Plaza de la Concordia comenzó a llenarse de puestos y visitantes. Se observaron frutas, verduras, ollas de barro, artesanías y productos de distintos tipos, algunos destinados al intercambio y otros a la venta.
Incluso se han documentado intercambios de productos de la canasta básica, ropa, calzado y artesanías. En años anteriores, por ejemplo, se han realizado intercambios de manzanas por zapatos, suéteres por ollas de barro o alimentos por artículos elaborados de palma.

Entonces, ¿el Trueque se está perdiendo?
Quizá no.
Tal vez lo que está cambiando es la manera en que las nuevas generaciones entienden esta tradición.
Para algunos comerciantes, llegar a Cholula aún representa una tradición familiar que mantienen desde hace décadas. Para otros, también representa una oportunidad para recuperar lo invertido y llevar dinero a casa.
Y es aquí donde la situación económica comienza a jugar un papel importante.
Si una persona recorre varios kilómetros para llegar a San Pedro Cholula, transporta su mercancía, paga alimentos, traslado y otros gastos, puede resultar más conveniente vender un producto por dinero que cambiarlo por otro cuyo valor no necesariamente necesita.
El dinero, finalmente, tiene una ventaja que el intercambio no siempre puede ofrecer: permite adquirir posteriormente aquello que realmente se necesita.
Por eso, lo que podría parecer una “tergiversación” de la tradición también puede entenderse como una adaptación a las condiciones económicas actuales.

No necesariamente significa que el Trueque haya desaparecido.
Significa que la necesidad de obtener dinero convive ahora con una práctica que originalmente no lo necesitaba.
¿Se perdió la esencia?
Quizá la pregunta correcta no sea exactamente en qué año se perdió la esencia del Trueque.
Porque, hasta hoy, todavía existen personas que llegan a Cholula con la intención de intercambiar.
La verdadera pregunta podría ser otra:
¿Hasta dónde puede cambiar una tradición sin dejar de ser la misma?
El Trueque de San Pedro Cholula fue declarado Patrimonio Cultural Intangible del Estado de Puebla precisamente por sus valores culturales, históricos, antropológicos y sociales.
Quizá ya no sea exactamente como hace cientos de años. Quizá ahora convivan el intercambio y la venta.
Pero entre una manzana, una olla de barro, un petate, una bolsa de arroz o unas monedas, todavía permanece algo que difícilmente puede comprarse:
la costumbre de encontrarse en Cholula para intercambiar algo más que productos: una tradición que ha sobrevivido al paso del tiempo.



