Corregirle la plana
Morena Puebla ha mostrado un giro desde que Pablo Salazar comenzó a tomar el control político y operativo.

El Confesor- Corregirle la plana
Una vez más, el gobernador tuvo que salir a limpiarle la cara al partido.
Morena Puebla ha mostrado un giro desde que Pablo Salazar comenzó a tomar el control político y operativo. Pero todavía queda mucha operación cicatriz por hacer después de años de desorden, abandono e ineficiencia bajo la dirigencia de Olga Romero.
El domingo, el gobernador reunió a consejeros en un desayuno. Por cortesía institucional también estuvo la dirigencia formal. Pero el mensaje fue evidente: hay un nuevo timón, habrá trabajo y se terminó la etapa de la simulación.
Ahora sí habrá comunicación entre partido y gobierno.
Ahora sí habrá gestión.
Ahora sí habrá obra comunitaria, respaldo territorial y atención a los consejeros.
Todo eso que Olga Romero jamás entendió, jamás construyó o nunca consideró importante mientras estuvo ocupada en sus prioridades personales.
Otra vez tuvieron que corregirle la plana.
Y esta vez, en público.
El partido que ella dejó abandonado comienza a moverse cuando otro toma las decisiones. La estructura que nunca atendió empieza a ser escuchada. Los consejeros que ignoró ahora reciben señales de respaldo.
Olga conserva el nombramiento.
Pablo ya ejerce el mando.
Lo mejor para Morena es que su salida parece inevitable. Lo complicado es que ella no quiere irse. Se aferra al cargo, al poder y a la idea de que merece una candidatura como indemnización política.
Que se la den, pensarán algunos, con tal de que deje de hacer daño al partido.
El problema es que entregarle una candidatura a una presidencia municipal sería regalarle a la oposición un tanque de oxígeno, una bandera de campaña y un boleto directo para competir en serio.
Porque Olga no levanta.
No gana encuestas.
Y difícilmente ganaría siquiera una consulta familiar sin revisar antes quién controla el grupo de WhatsApp.
Por eso su destino parece estar en el Gobierno del Estado: una posición discreta, sin relevancia política y suficientemente decorosa para presentar su salida como acuerdo y no como fracaso.
No porque lo merezca.
Sino porque el gobernador tiene el oficio político suficiente para retirar un problema sin convertirlo en escándalo.
Una salida digna para una dirigente indigna del cargo.
Y otra operación de rescate para corregir lo que Olga volvió a romper.
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