CUANDO OLGA ESCUPE CONTRA QUIENES LA HICIERON

Olga Romero parece haber encontrado una explicación para su caída en las encuestas: culpar a Rosario Orozco y al pasado barbosista de todo lo que hoy la persigue.
La contradicción es enorme. Durante años fue presentada como la “hija política” de Miguel Barbosa. Fue ese grupo el que impulsó a una desconocida, la convirtió en diputada, la colocó al frente de la Comisión Inspectora y después le entregó la dirigencia estatal de Morena. Sin Barbosa, difícilmente existiría la carrera política que Olga hoy presume. Sin embargo, ahora que Rosario Orozco aparece mejor posicionada rumbo a Tehuacán, la dirigente intenta deslindarse de quienes la construyeron y convertirlos en responsables de sus problemas.
Una publicación reciente acusa a la viuda de Barbosa de utilizar la Fiscalía General del Estado y pretende atribuirle el operativo contra Estela Romero Bringas. Así, Olga busca presentarse como víctima y trasladar hacia Rosario las sospechas generadas por una disputa judicial relacionada con la herencia que ella misma reclama. Si existen pruebas de una intervención de Rosario ante la Fiscalía, deben exhibirse. De lo contrario, la acusación parece una maniobra electoral para ensuciar a quien amenaza con arrebatarle la candidatura.
Olga olvidó sus responsabilidades como presidenta de Morena para iniciar una campaña anticipada en Tehuacán. Mientras debía organizar al partido, atender a la militancia y fortalecer su estructura, concentró sus esfuerzos en promoverse personalmente.
Descuidó Morena para buscar la candidatura y ahora corre el riesgo de quedarse sin ambas cosas. Por eso necesita culpables. Primero responsabilizó a los grupos internos; ahora apunta contra Rosario y contra el mismo barbosismo que le dio cargos, nombre y poder. No se trata de defender a la viuda ni de absolver el pasado. Se trata de señalar la incongruencia de quien pretende borrar su origen político justamente cuando ese origen dejó de convenirle.
Olga puede culpar a Rosario, a la Fiscalía y hasta a quienes la hicieron política. Lo que no puede ocultar es que abandonó el partido para hacer campaña y, aun así, no logró colocarse como la mejor opción. Hay algo particularmente ingrato en escupir hacia arriba: tarde o temprano todo termina cayendo sobre quien lo hizo. Y mientras Olga culpa a quienes la crearon, Rosario le está quitando aquello que creyó heredado: la candidatura por Tehuacán.




