El problema es Olga
La salida de Olga Romero no resuelve la crisis interna de Morena Puebla. El verdadero pendiente rumbo a 2027 está en otro lado.

Olga Romero Morena Puebla
En política hay personajes que pesan por lo que representan y otros que sobreviven porque nadie encuentra cómo quitarlos sin romper algo más.
Olga Romero parece pertenecer a los segundos.
Su peso político actual difícilmente espanta a alguien. Su permanencia al frente de Morena Puebla, en cambio, se ha convertido en una piedra en el zapato para quienes pretenden ordenar al partido rumbo a 2027.
Y ahí está la paradoja.
Samuel Aguilar Pala quiso resolver desde Puebla lo que aparentemente solamente puede resolverse desde México. La salida de Olga y otros integrantes de la dirigencia esta sobre la mesa, pero el movimiento terminó frenado desde el Comité Ejecutivo Nacional.
No fue un detalle menor.
Fue un recordatorio de cómo funciona Morena: Puebla puede operar, sugerir y presionar, pero las decisiones de fondo siguen pasando por el centro.
Después apareció Pablo Salazar.
Salió de Gobernación y aterrizó como coordinador de delegados de Morena, formalmente encargado de fortalecer territorio y estructura rumbo a 2027. Un cargo aparentemente operativo que, en los hechos, le permite recorrer el estado, ordenarestructuras, sentar y ajusticiar aspirantes y convertirse en interlocutor de buena parte de quienes quieren aparecer en la boleta.
Curiosa manera de tener una presidenta estatal que la tienen como florero y, al mismotiempo, construir alrededor del florero otra estructura de operación.
Pablo puede conseguir números. Puede poner a trabajar delegados. Puede ordenar territorio.
Pero difícilmente puede resolver el problema político que originó su llegada.
Porque Morena no solamente es Alejandro Armenta, Samuel Aguilar Pala o quienes hoy operan alrededor del gobernador. También hay grupos identificados con Ignacio Mier, Sergio Salomón Céspedes, el viejo barbosismo y actores que mantienen comunicación propia con la dirigencia nacional.
Y Morena históricamente ha preferido administrar esas tribus antes que exterminarlas.
Quizá ahí estuvo el error.
Quisieron hacer cirugía poblana en un paciente con muerte clínica declarada y que ademas su expediente se administra en la Ciudad de México.
Mientras tanto Olga sobrevive.
No fortaleciendo al partido precisamente.
Su nombre está más asociado al pleito por la multimillonaria herencia de Socorro Romero que a alguna gran victoria política de Morena en Puebla. El litigio existe desde hace años y Olga ha defendido públicamente que debe resolverse exclusivamente por la vía legal.
Así debería ser.
El problema es que esas palabra le explotan en la cara al florero partidista pues en la pelea por la fortuna estimada en cientos de millones de dólares es sabido quealrededor del asunto aparecen más acusaciones, litigios y señalamientos de influencia.
Y eso se vuelve político.
Y eso es lo que quienes rodean al gobernador parecen no haber sabido resolver.
No basta con tener la renuncia en el cajón si no logran que México la procese.
No basta con mandar un operador al partido si ese movimiento genera más preguntas que acuerdos.
Y tampoco basta con decir que se controla Morena Puebla cuando personajes como Ariadna Montiel y otros actores con llegada directa a la cúpula nacional pueden terminar teniendo más capacidad de interlocución que quienes presumen controlar el tablero local.
Ahí debería concentrarse la preocupación de Alejandro Armenta.
Olga se va. Su ciclo político parece agotado.
El problema será cuánto desgaste habrá dejado antes de salir.
Porque mientras sus asesores intentan ganar una batalla interna, Morena Puebla necesita algo bastante más importante: reconciliar grupos, construir estructura y conseguir que lo que se acuerda en Puebla no tenga que corregirse después desde México.
Olga es el problema visible.
Pero quizá el verdadero problema está entre quienes, teniendo todo el poder para sustituirla políticamente, todavía no han encontrado la forma correcta de hacerlo.




