Morena Puebla: todos quieren salir en la boleta, nadie ordenar la casa
¿quién conducirá Morena Puebla mientras sus principales actores están ocupados buscando su siguiente cargo?

La prevista salida de Olga Romero abre una pregunta incómoda: ¿quién conducirá Morena Puebla mientras sus principales actores están ocupados buscando su siguiente cargo?
Olga concentra tres frentes: la dirigencia que encabeza, la alcaldía que contempla disputar y la herencia que reclama en tribunales. El problema político aparece cuando tanta agenda personal deja en segundo plano la responsabilidad colectiva.
Quiere participar en todos los repartos. Alguien tendrá que explicar quién atiende el partido mientras tanto.
Ese vacío no puede tratarse como un accidente ajeno a su conducción. Una presidenta debe preparar una transición ordenada, establecer responsabilidades y evitar que su siguiente aspiración absorba la atención institucional. Morena no debería organizarse alrededor de los tiempos de Olga.
Pablo Salazar aparece como posible conductor de facto. Pero coordinar operadores no equivale a tener autorización para presidir el partido. Andrés Villegas ya señaló que no reúne la condición de consejero estatal necesaria para asumir directamente el relevo.
El entusiasmo por mandar llegó antes que los requisitos.
Salazar enfrenta, además, preguntas sobre imparcialidad. La prensa ha documentado su vínculo de pareja con Violeta Becerril y su parentesco político con Iván Herrera. Si se confirman los registros de ella por la coordinación municipal de Ocoyucan y de él por una coordinación federal, deberá explicar cómo mantendrá sus funciones territoriales al margen de esas aspiraciones.
El parentesco no prueba favoritismo. Tampoco elimina la necesidad de establecer límites cuando familiares de quien coordina la estructura compiten dentro de ella.
Después de los cuestionamientos a Olga por la presencia de su hijo en el Cabildo de Tehuacán, el relevo amenaza con abrir otra discusión sobre ventajas familiares. Cambiar los apellidos sin despejar las dudas sería una peculiar manera de renovar al partido.
El CEN puede procesar la transición sin entregar precipitadamente el control a un grupo local. Que alguien tenga prisa por asumir no obliga a la dirigencia nacional a satisfacerla.
Mientras tanto, muchos estarán más pendientes de conseguir una coordinación que de ordenar la competencia.
Ése es el limbo que deja esta conducción: una presidenta concentrada en su futuro, un operador cuyo papel requiere límites y una estructura donde las aspiraciones personales pueden desplazar las obligaciones partidistas.
Olga tiene derecho a competir y a litigar. Lo que merece crítica es pretender atender partido, alcaldía y herencia mientras la organización queda esperando instrucciones.
Para querer todo el pastel ha mostrado disposición.
Para dejar el partido en orden, todavía debe mostrar resultados.
