Tehuacán no es premio de consolación

¿Qué pecados estará pagando Tehuacán para que cada elección parezca ofrecerle otra versión del mismo desencanto?
Felipe Patjane, Artemio Caballero, Pedro Tepole, Alejandro Barroso. Los nombres cambian; la promesa de que ahora sí llegará el buen gobierno sigue pendiente. Y ahora Olga Romero pretende presentarse como la solución. Válgame la dios, que los agarren confesados para el caos que eso sería.
A la cuna del maíz le siguen ofreciendo cosechas políticas bastante pobres.
La oposición tampoco ayuda. Parece esperar que el desgaste de Morena haga el trabajo que sus dirigentes no hacen: construir una alternativa convincente. El descontento ciudadano necesita representación, pero los partidos parecen más interesados en conservar sus pequeñas parcelas.
En ese escenario, Olga enfrenta un problema que la presidencia estatal le permitía disimular: una cosa es encabezar una marca poderosa y otra tener respaldo propio.
Su paso por la dirigencia debió servirle para construir acuerdos, relaciones y confianza. Hoy tendría que demostrar que dejó aliados, además de fotografías; compromisos políticos, además de saludos.
La competencia no va a retirarse para agradecerle sus servicios. Araceli Celestino, diputada del PT, ya hizo pública su aspiración por Tehuacán y el PT no dudaría en ir solo en ese municipio. Así que, Olga no tiene reservado siquiera el espacio entre las aspirantes mujeres.
Si el Verde explorara una opción con Pedro Tepole o Marco Balseca, como plantea uno de los escenarios políticos locales el margen se estrecharía más. Y dentro de Morena permanece Alejandro Barroso el aspirante más fuerte y respaldado por Nacho Mier, frente a quien Olga tendría que acreditar competitividad.
Para Olga haber dirigido el partido no obliga a los demás a hacerse a un lado.
Tampoco una diputación debería convertirse en premio de consolación. Si una aspirante no demuestra que suma votos, cambiarla de boleta no resuelve el problema: simplemente lo traslada al distrito.
El error de Olga pudo estar en confundir el peso del membrete con el suyo. Desde la dirigencia era fácil recibir atenciones; fuera de ella tendrá que descubrir cuántas estaban destinadas al cargo y cuántas a su persona.
Todavía puede competir. Lo que no puede es exigir que le acomoden una candidatura para justificar su renuncia.
De aquí a principios de 2027 podría encontrarse con una realidad bastante menos generosa que sus expectativas.
Que Facebook le recuerde cuando presidía Morena, mientras los demás deciden quién sí tiene futuro en la boleta.
