12 de agosto de 2026

¿Y la herencia de sangre o la de interes?

La herencia de Socorro Romero vuelve al centro del debate por el cambio de identidad y el litigio de Olga Lucía Romero.

¿Y la herencia de sangre o la de interes?

¿Y la herencia de sangre o la de interes?

La pregunta que, nadie le ha hecho de frente a Olga Lucía Romero Garci-Crespo: si lo que la mueve es la sangre y no el dinero. ¿Por qué nunca litigó, con la misma pasión, la fortuna de su propio padre biológico?

Repasemos el expediente. Durante décadas, la hoy dirigente estatal de Morena se llamó Mónica Caballero Garci-Crespo, hija reconocida de Edmundo Caballero Albarrán, de quien heredó sin conflicto alguno. Seis años después de la muerte de Socorro Romero Sánchez, revirtió ese cambio de identidad para volver a ser Olga Lucía Romero Garci-Crespo. Así pudo reclamar una porción de la herencia avícola de Socorro, valuada en más de 600 millones de dólares. El argumento de fondo, según sus abogados, es que su verdadero padre biológico fue Francisco Romero Bringas (Socio de Gustavo Romero). Además, este era hermano de Estela Romero Bringas y sobrino, junto con ella, de la propia Socorro.

Aquí es donde el expediente se pone interesante. Francisco Romero Bringas no era cualquier pariente lejano del negocio familiar: se le reconoce públicamente como la persona que detonó el crecimiento de Productos Avícolas El Calvario. Esta empresa, con el tiempo, se convirtió en una de las más importantes de la avicultura nacional. Además, su fortuna personal, de acuerdo con quienes conocen la historia empresarial de Tehuacán, llegó a ser comparable o incluso mayor a la que dejó Socorro. En otras palabras, si el vínculo sanguíneo fuera realmente el motor de Olga Lucía, ahí tenía una herencia propia y directa de su propio padre. No necesitaba cambiarse el nombre ni litigar contra una prima segunda de 85 años en silla de ruedas.

Y sin embargo, no fue ese el camino elegido. En cambio, quien sí aparece sosteniéndola económicamente, según se ha mencionado en el entorno familiar, es Gustavo Romero Bringas. Él es hermano de Estela. Olga Lucía se refiere públicamente a Gustavo como «el tío». Un dato curioso es que el mismo Gustavo Romero Bringas aparece, junto a Estela, como heredero universal en algunas versiones del entramado testamentario de Socorro. Dicho de otro modo, la persona que económicamente respalda a Olga Lucía pertenece, precisamente, al bando familiar contra el que ella litiga. Esta geometría no cualquier notario sabría explicar con una sola línea. Un dato relevante y de dominio publico fue que tras la detención de doña Estela, Gustavo Romero no movió ni un dedo para ayudar a su hermana. Así, cosas raras de familias! 

Faltan, todavía, varias piezas para que este rompecabezas esté completo, y aquí es honesto decirlo. En próximas ediciones seguiremos documentando con qué abogado y con qué notario se tramitó exactamente la reversión del cambio de nombre. Además, informaremos en qué fecha precisa se presentó ese trámite en relación con el estado de salud de Socorro Romero Sánchez. Asimismo, analizaremos qué dice puntualmente la legislación civil poblana sobre la posibilidad de aceptar una herencia bajo una identidad y, años después, reclamar otra bajo una identidad distinta. Estas piezas ya están en investigación. Esta columna se compromete a entregar los detalles con nombre, fecha y documento en mano.

Lo que ya se puede afirmar, con lo documentado hasta hoy, es esto: doce años de litigio, un cambio de identidad, un juez con antecedentes de suspensión y señalamientos de huachicol convenientemente asignado al expediente correcto. También está una fiscal que ordena un macrooperativomilitar contra una anciana en silla de ruedas, y una candidatura a la alcaldía de Tehuacán que ni las encuestas de su propio partido respaldan. Todo eso, para perseguir una herencia a la que, por sangre, ni siquiera necesitaba recurrir. Esto sería así si de verdad le interesaba la sangre y no el patrimonio.

Puebla se merece funcionarios que resuelvan expedientes, no dirigentes que se fabriquen identidades para cobrarlos. Aquí seguiremos documentando, con pruebas, cuánto cuesta sostener esa ambición y quién, en el camino, ha puesto su cargo al servicio de ella.

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