La gobernabilidad y su desgaste natural en Puebla
No debe olvidarse que la gobernabilidad implica la capacidad del Estado para mantener el orden, atender las demandas ciudadanas

El confesor La gobernabilidad y su desgaste natural en Puebla
Al interior de El Confesionario se sabe que una de las áreas que mayor desgaste político y social enfrenta en cualquier nivel de gobierno —federal, estatal o municipal— es la Secretaría de Gobernación. Por otra parte, Puebla no es la excepción.
Basta recordar que, durante el sexenio del expresidente Andrés Manuel López Obrador, cuatro personas estuvieron al frente de la Secretaría de Gobernación federal. El relevo constante dejó en evidencia que se trata de una de las responsabilidades más complejas dentro de la administración pública.
La Secretaría de Gobernación suele recaer en mujeres y hombres con cualidades muy específicas: capacidad política, experiencia, habilidad para escuchar, negociar y conciliar. Además, se requiere una amplia “mano izquierda” para resolver conflictos.
Sin embargo, cuando esas cualidades dejan de funcionar por caer en una zona de confort o por privilegiar intereses personales, comienza a haber problemas. También puede ocurrir por alejarse del proyecto de gobierno y de la visión del mandatario en turno. De esta manera, la gobernabilidad comienza a deteriorarse.
El problema se agrava cuando se protege a determinados actores políticos, particularmente presidentas y presidentes municipales, pese a los cuestionamientos sobre su desempeño.
Ahí están los casos de Acatlán de Osorio y Chignahuapan, donde sus alcaldes, Guadalupe Lucero Bárcenas y Juan Rivera Trejo, continúan en medio de fuertes críticas por sus administraciones. También existen crecientes descontentos sociales. Aun así, sostienen que cuentan con el respaldo y la aprobación de la Secretaría de Gobernación.
No debe olvidarse que la gobernabilidad implica la capacidad del Estado para mantener el orden. Además, implica atender las demandas ciudadanas y aplicar la ley con transparencia, diálogo y eficacia.
Si los principios son tan claros, la pregunta es inevitable:
¿Por qué no siempre se aplican?
Toda administración busca mejorar su funcionamiento. Los cambios forman parte natural de cualquier gobierno y, en muchos casos, resultan indispensables para corregir el rumbo.
El proceso electoral que se aproxima pone a prueba el desempeño de las autoridades actuales. Además, obliga a fortalecer las áreas estratégicas del gobierno. Entre ellas, la Secretaría de Gobernación ocupa un lugar prioritario.
Uno de los principales retos consiste en mejorar la comunicación con los municipios y atender oportunamente los conflictos sociales. También se debe escuchar a la ciudadanía y construir mecanismos que permitan responder de manera más eficiente a las necesidades de la población.
Gobernar un estado como Puebla nunca ha sido una tarea sencilla.
Los cargos públicos desgastan. Con el tiempo aparecen inercias, vicios administrativos y, en ocasiones, una preocupante desconexión con la realidad que viven los 217 municipios del estado.
Por ello, hablar de renovación no debería interpretarse como una señal de crisis, sino como una oportunidad para fortalecer al gobierno.
Existen mujeres y hombres con experiencia, capacidad política y verdadera vocación de servicio. Ellos podrían aportar una nueva dinámica a una de las áreas más sensibles de la administración estatal.
Por eso no resulta descabellado que, en los círculos más cercanos al gobierno, comience a hablarse de posibles cambios en la Secretaría de Gobernación.
Incluso, ya circula con fuerza el nombre de un perfil con amplia experiencia en la operación política y en la construcción de acuerdos.
Si esa posibilidad termina por concretarse, podría representar una bocanada de aire fresco para un gobierno, que, como cualquier otro, enfrenta el desgaste natural del ejercicio del poder.
