16 de agosto de 2026

Mérito, Capital y Poder

Infantino, UEFA, Laura McAllister y la Liga MX: por qué la verdadera batalla del fútbol moderno se llama gobernanza.

gobernanza en el fútbol

gobernanza en el fútbol

Amigo lector:

Durante las últimas semanas hemos hablado en este espacio de Gianni Infantino.

De UEFA.

De fondos de inversión.

De Wall Street.

De elecciones.

De Concacaf.

De Victor Montagliani.

De Leagues Cup.

Del ascenso y descenso en México.

Parecerían historias completamente diferentes.

No lo son.

Detrás de todas existe una misma discusión.

Dinero.

Pero existe otra todavía más importante.

Quién controla ese dinero.

Y una tercera que probablemente terminará definiendo al fútbol de las próximas décadas.

Quién controla a quien controla el dinero.

Eso se llama…

gobernanza.

Permítame entonces unir las piezas.

Porque cuando uno las coloca sobre la misma mesa aparece una imagen verdaderamente fascinante.

El fútbol mundial está entrando en una nueva era.

Y quienes no entiendan tres palabras probablemente terminarán quedándose atrás:

MÉRITO.
CAPITAL.
GOBERNANZA.

EL VOTO ES MÍO

Comencemos arriba.

Muy arriba.

En la pelea por el control del fútbol mundial.

Después de la ofensiva encabezada por UEFA contra Gianni Infantino sucedió algo que veníamos anticipando.

Las confederaciones comenzaron a descubrir que una cosa es firmar comunicados…

y otra controlar votos.

Qatar cuestionó que la Confederación Asiática hubiera tomado una posición contra Infantino sin consultar previamente a sus asociaciones.

CAF respalda institucionalmente al presidente de FIFA, pero tampoco puede garantizar automáticamente los votos de todas las federaciones africanas.

La Concacaf participa en la ofensiva contra Infantino mientras México ha mantenido una posición diferente.

Y Oceanía tampoco parece completamente monolítica.

No nos confundamos.

Aquí está comenzando la verdadera elección.

Porque FIFA tiene 211 asociaciones.

Y cuando llegue el momento…

Alemania tendrá un voto.
Francia, uno.
Inglaterra, uno.
México, uno.
Qatar, uno.
Mauritania, uno.
Fiyi, uno.

El poder económico del fútbol está brutalmente concentrado.

El poder electoral de FIFA está extraordinariamente disperso.

Ésta es probablemente la mayor fortaleza que todavía conserva Infantino.

UEFA puede tener los clubes más ricos.
Las ligas más poderosas.
La Champions.
Los mayores contratos.
Una enorme influencia política.

Pero cuando se cierre la puerta del Congreso de FIFA…

cada federación entrará con un voto.

Por eso aquella frase que escribimos hace algunos días adquiere todavía mayor importancia:

Las confederaciones escriben comunicados.
Las federaciones eligen presidentes.

¿Y SI MONTAGLIANI ES EL SEÑUELO?

Todo mundo mira a Victor Montagliani.

Presidente de Concacaf.

Vicepresidente de FIFA.

Dirigente experimentado.

Enfrentado políticamente con Infantino.

Y naturalmente aparece como uno de los hombres capaces de encabezar una candidatura opositora en 2027.

Puede ser.

Pero permítanme desconfiar cuando todos estamos mirando exactamente hacia el mismo lugar.

¿Y si Montagliani no fuera el candidato?

¿Y si fuera solamente una posibilidad?

¿O todavía más interesante…

un señuelo?

Piénselo.

Mientras todo mundo observa al canadiense, las federaciones comienzan a retratarse.

Quién está con Infantino.
Quién está contra él.
Quién obedece a su confederación.
Quién se rebela.
Quién espera.
Quién negocia.
Y quién todavía no enseña sus cartas.

No estoy afirmando que exista semejante estrategia.

Estoy colocando una hipótesis sobre el tablero.

Porque UEFA todavía tiene tiempo.

Y quizá tenga otras cartas.

Una de ellas me parece particularmente interesante.

¿Y SI FUERA ELLA?

Laura McAllister.

Guarde usted el nombre.

Actual vicepresidenta de UEFA.
Galesa.
Exfutbolista.
Ex capitana de su selección.
Académica.
Especialista en políticas públicas.
Con experiencia en administración deportiva y gobernanza.

Y además…

mujer.

No existe evidencia pública de que Laura McAllister sea candidata a la presidencia de FIFA.

Que quede perfectamente claro.

Pero una cosa es afirmar una candidatura que no existe…

y otra muy diferente analizar un perfil político.

Y éste resulta fascinante.

McAllister posee algo que cualquier candidato necesita mucho antes de pedir un voto:

una historia que contar.

Gobernanza.
Inclusión.
Representación.
Transparencia.
Protección del juego.
Límites al poder.

Y durante esta crisis ha utilizado una palabra particularmente reveladora.

Enojo.

En UEFA están enojados con Infantino.

Así de sencillo.

Ya no estamos hablando solamente de una discrepancia administrativa.

Existe una ruptura política.

Pero detrás de las palabras de McAllister existe una discusión todavía más profunda.

Una que Europa lleva años defendiendo.

EL MODELO EUROPEO

Existe algo llamado modelo europeo del deporte.

Y no es una frase inventada para esta columna.

Es una concepción deportiva basada, entre otros principios, en competiciones abiertas, solidaridad y, fundamentalmente…

mérito deportivo.

Usted gana.
Usted asciende.
Usted pierde.
Usted desciende.

La posibilidad de llegar existe.

La posibilidad de caer también.

El pequeño puede soñar con convertirse en grande.

Y el grande sabe que su historia, su dinero o su apellido no deberían garantizarle eternamente un lugar.

Frente a ese modelo existe otro completamente diferente.

El estadounidense.

Ligas cerradas.
Franquicias.
Propietarios.
Estabilidad.
Protección del activo.

Usted compra su lugar dentro del negocio y ese lugar no desaparece porque su equipo haya tenido una temporada desastrosa.

No significa que en Estados Unidos no exista mérito deportivo.

Naturalmente que existe.

Se compite para ganar.

La diferencia está en otra parte.

En Europa el mérito puede determinar quién entra y quién sale.

En Estados Unidos determina fundamentalmente quién gana dentro de quienes ya están.

Y ahí, amigo lector…

Aparece una de las grandes discusiones del fútbol que viene.

EL MÉRITO CONTRA LA CERTEZA

El modelo europeo protege algo extraordinariamente valioso:

el derecho a llegar.

El modelo estadounidense protege algo igualmente importante para cualquier inversionista:

el valor de quien ya llegó.

Piénselo desde la posición de un fondo de inversión.

Usted coloca cien millones.
Doscientos.
Quinientos.
Mil.

Naturalmente quiere ganar dinero.

Pero antes quiere saber:

¿Cuánto vale mi activo?
¿Cuánto puede valer mañana?
¿Cuáles son sus ingresos?
¿Cuáles son sus derechos?
¿Cuáles son sus riesgos?

Y entonces aparece una pregunta brutal.

¿Puede usted perder una parte considerable del valor de su inversión porque un delantero falló un penal en la última jornada…

y su equipo descendió?

En una estructura abierta…

sí.

En una liga cerrada…

no.

Por eso el descenso puede ser extraordinario para el deporte…

y aterrador para el capital.

Y la ausencia de descenso puede resultar cuestionable deportivamente…

pero extraordinariamente atractiva financieramente.

Aquí comienza a entenderse mucho mejor el conflicto.

El mérito necesita incertidumbre.

El capital prefiere certeza.

¿Quién puede hacerlos convivir?

Ahí aparece nuestra tercera palabra.

Gobernanza.

LOS GUARDIANES DEL FÚTBOL

Escuchando cuidadosamente el discurso europeo durante estos días existe algo que me llama poderosamente la atención.

UEFA parece asumirse como una especie de custodia del fútbol.

Como la institución encargada de protegerlo.
Preservarlo.
Cuidarlo.
Defender su esencia.

Perfecto.

Entonces permítame hacer una pregunta:

¿Quién le entregó las llaves?

UEFA tiene todo el derecho —y la obligación— de defender al fútbol europeo.

Pero Europa no es el fútbol mundial.

África también juega.
Asia también.
Sudamérica también.
Concacaf también.
Oceanía también.

UEFA puede decir:

«Tenemos la responsabilidad de proteger nuestro fútbol.»

Lo que resulta mucho más discutible es asumir:

«Nosotros somos quienes debemos proteger EL fútbol.»

Porque entonces regresamos precisamente a la discusión que iniciamos hace semanas.

¿Estamos defendiendo al fútbol?

¿O estamos defendiendo una determinada manera de organizarlo, controlarlo y explotarlo?

No es lo mismo.

Y cuidado.

Porque quien se autoproclama guardián también debe responder…

quién lo nombró guardián.

INVERSIÓN SÍ. CONTROL NO.

Tampoco caigamos en otra trampa.

Europa no puede presentarse como el fútbol romántico luchando contra los malvados inversionistas.

Eso sería absurdo.

El fútbol europeo está lleno de capital privado.

Fondos.
Bancos.
Multimillonarios.
Capital estadounidense.
Capital árabe.
Private equity.
Grandes corporaciones.

El dinero ya está dentro.

Por eso la discusión verdaderamente interesante no es si debe entrar.

Ya entró.

La pregunta es:

¿hasta dónde puede llegar?

¿Puede invertir?

Por supuesto.

¿Puede obtener rendimientos?

Para eso invierte.

¿Puede participar?

Naturalmente.

Pero…

¿puede controlar?

Ahí cambia completamente la conversación.

Inversión sí.

Entregar el control del fútbol al inversionista…

no necesariamente.

Y aquí aparece una paradoja extraordinaria.

Hace apenas algunos años, cuando nació la Superliga europea, Infantino y UEFA defendían juntos el mérito deportivo y rechazaban una competición cerrada.

Hoy están enfrentados alrededor del futuro económico y político del fútbol mundial.

Mire usted cómo cambió el tablero.

Por eso sería incorrecto afirmar que Infantino pretende simplemente americanizar el fútbol.

No tenemos elementos para sostenerlo.

La pregunta correcta es bastante más interesante:

¿teme UEFA que la creciente financiarización del fútbol termine empujándolo hacia estructuras cada vez más cerradas y controladas por el capital?

Porque si ése es realmente el temor…

entonces México tiene algo que mostrarles.

EN MÉXICO YA TENEMOS EL EXPERIMENTO

Bajemos desde Zúrich y Europa hasta nuestra Liga MX.

¿Qué tenemos?

Ascenso suspendido.
Descenso suspendido.
Franquicias protegidas.
Certificaciones.
Requisitos económicos.
Valor patrimonial.

Y clubes de Expansión reclamando precisamente aquello que constituye uno de los pilares del modelo europeo:

el derecho a llegar mediante el mérito deportivo.

Mire usted la ironía.

Mientras Europa discute cómo impedir que el capital termine modificando la naturaleza abierta de sus competiciones…

México lleva años experimentando con una estructura mucho más cercana al modelo estadounidense.

Y ahora cinco clubes quieren que vuelva a abrirse la puerta.

Su argumento fundamental es poderoso:

«Si soy campeón, tengo derecho a ascender.»

Deportivamente…

resulta difícil discutirlo.

Pero existe otra pregunta.

¿Con qué dinero?

Y ahí regresamos al capital.

LA PASARELA

Antes de llegar a Expansión, detengámonos en otro lugar.

Estados Unidos.

Leagues Cup.

Cada año escuchamos prácticamente lo mismo.

Que los viajes.
Que las distancias.
Que el calendario.
Que MLS tiene ventajas.
Que los mexicanos están cansados.
Que el torneo incomoda.

Algunas de esas quejas tienen fundamento.

Perfecto.

Pero existe otra discusión que prácticamente nadie quiere tener.

¿Saben los clubes mexicanos dónde están parados?

Estados Unidos.

Uno de los mercados deportivos más grandes del planeta.

Millones de mexicanos y mexicoamericanos.
Grandes patrocinadores.
Plataformas.
Televisoras.
Capital.
Empresarios.
Fondos.
Consumidores.

Y nosotros llegamos pensando únicamente…

en jugar un partido.

No, amigo lector.

Cuando un equipo mexicano viaja a Estados Unidos no debería viajar solamente su plantel.

Debería viajar la empresa.

Marketing.
Comercial.
Patrocinios.
Relaciones públicas.
Merchandising.
Academias.
Hospitality.
Activaciones.
Contenido.
Captación de aficionados.
Reuniones empresariales.

El equipo juega por la noche.

La empresa debería trabajar todo el día.

LOS PAISANOS NO SON SOLAMENTE AFICIONADOS

Durante décadas hemos observado a los mexicanos que viven en Estados Unidos fundamentalmente como audiencia.

Hay que empezar a entenderlos como mercado.

Y existe una diferencia gigantesca.

Una audiencia ve el partido.

Un mercado compra la camiseta.

Consume contenido.
Compra boletos.
Contrata experiencias.
Participa en academias.
Genera datos.
Compra productos.
Atrae patrocinadores.
Construye valor para los derechos audiovisuales.

Y crea una relación comercial permanente con el club.

Entonces pregunto:

¿qué estamos haciendo con ese mercado?

La Leagues Cup debería convertirse para Liga MX en una gigantesca feria comercial itinerante por Estados Unidos.

Cada ciudad.
Cada partido.
Cada visita.
Una oportunidad.

Mientras MLS utiliza la competencia para desarrollar su producto…

muchos de nosotros seguimos utilizándola solamente para jugar fútbol.

VAYA MANERA DE LLEGAR A UNA PASARELA

Imagine usted que lo invitan a presentar su empresa ante potenciales clientes.

Hay inversionistas.
Patrocinadores.
Plataformas.
Televisoras.
Empresarios.
Consumidores.
Capital fresco.

¿Qué versión de su empresa presentaría?

La mejor.

Naturalmente.

Pues algunos equipos mexicanos hacen exactamente lo contrario.

Llegan a la pasarela…

con su peor traje.

Desidia.
Malos resultados.
Poco interés.
Quejas.

Equipos que transmiten la sensación de estar cumpliendo una obligación.

Vaya manera de venderse.

Porque mientras nosotros discutimos si vale la pena jugar la Leagues Cup, alrededor del deporte existen fondos buscando activos.

Inversionistas buscando oportunidades.
Marcas buscando consumidores.
Plataformas buscando contenidos.
Cadenas buscando audiencias.

Entonces la pregunta ya no es solamente:

¿Ganó o perdió mi equipo?

La pregunta empresarial es:

¿Qué valor construyó durante su visita?

¿Y EL PUEBLA?

Aquí permítanme detenerme un momento.

Puebla FC debería entender mejor que muchos esta oportunidad.

No estamos hablando de uno de los clubes económicamente más poderosos de México.

Precisamente por eso cada exposición internacional debería explotarse hasta el último centavo posible.

Estados Unidos no debería representar únicamente un estadio donde jugar.

Debería representar aficionados nuevos.
Poblanos y mexicanos radicados allá.
Patrocinadores.
Alianzas.
Empresarios.
Venta de productos.
Audiencias.

Y eventualmente…

inversionistas.

No puedo afirmar que exista hoy un fondo esperando comprar al Puebla.

Sería irresponsable.

Pero sí puedo afirmar algo mucho más sencillo:

Si usted quiere encontrar capital, tiene que aprender primero a hacerse atractivo para el capital.

Una pasarela sirve precisamente para eso.

Para mostrarse.
Para venderse.
Para enamorar.

No para presentarse con desidia.

Y AHORA… LOS QUE QUIEREN ASCENDER

Regresemos a Expansión.

Cinco clubes están peleando por recuperar el ascenso y descenso.

Y aquí debemos reconocerles algo.

Están defendiendo…

meritocracia.

Si soy campeón, dicen, debo tener derecho a subir.

Exactamente el principio que Europa considera fundamental dentro de su modelo deportivo.

Pero el problema mexicano tiene una segunda mitad.

Porque una cosa es merecer deportivamente el ascenso…

y otra completamente diferente poder sostenerlo.

Los clubes de Liga MX operan dentro de estructuras económicas muchísimo mayores que la mayoría de los equipos de Expansión.

Detrás existen grandes empresarios.
Corporativos.
Grupos nacionales.
Televisoras.
Conglomerados.
Capital considerable.

En Expansión encontramos, en muchos casos, estructuras mucho más pequeñas y empresarios fundamentalmente regionales.

No es una crítica.

Es una realidad empresarial.

Entonces ganar un campeonato puede demostrar que usted tiene:

capacidad deportiva.

Pero no necesariamente:

capacidad financiera.

Ser campeón…

no paga la nómina.

DOS MILLONES CONTRA CIENTO VEINTE

Existe una cifra que permite dimensionar la distancia.

Querétaro, uno de los clubes económicamente más modestos de Liga MX, fue valorado en más de 120 millones de dólares durante la operación mediante la cual un grupo estadounidense encabezado por Innovatio Capital adquirió al club en 2025.

Mientras tanto, existen estimaciones que colocan el certificado o franquicia para participar en Liga de Expansión entre aproximadamente 1.5 y 2.5 millones de dólares.

Haga usted la cuenta.

Tomemos incluso el extremo superior.

2.5 millones.

Contra más de 120.

Cuarenta y ocho veces.

No estamos hablando solamente de dos categorías deportivas.

Estamos hablando de dos universos económicos diferentes.

Y entonces aparece la verdadera dimensión del problema.

El propietario de Expansión puede decir:

«Fui campeón. Me gané deportivamente el derecho de subir.»

Correcto.

Pero Liga MX puede preguntarle:

«¿Tiene usted la capacidad financiera para operar dentro del ecosistema al que pretende ingresar?»

También correcto.

No nos confundamos.

Ser campeón abre la puerta deportiva.

No necesariamente paga la entrada económica.

Por eso el ascenso moderno probablemente necesita dos llaves.

MÉRITO para ganarlo dentro de la cancha.
CAPITAL para sostenerlo fuera de ella.

EL MODELO EUROPEO CONTRA EL MODELO AMERICANO

Y ahora mire usted el conflicto mexicano desde otra perspectiva.

¿Qué protege fundamentalmente el modelo abierto europeo?

La posibilidad de llegar.

¿Qué protege fundamentalmente una estructura cerrada de franquicias?

El valor de quienes ya llegaron.

Ésa puede ser una de las razones económicas por las cuales el ascenso y descenso mexicano se ha convertido en una batalla tan complicada.

Porque abrir la competencia aumenta la meritocracia…

pero también introduce riesgo patrimonial.

Cerrar la competencia protege la inversión…

pero elimina la posibilidad deportiva de llegar desde abajo.

Uno protege fundamentalmente el mérito.

El otro protege fundamentalmente el activo.

Y ninguno debería bastar por sí mismo.

Porque un fútbol donde únicamente importa el mérito puede permitir que ascienda una organización incapaz de sostenerse financieramente.

Pero un fútbol donde únicamente importa proteger el capital puede convertirse en un club privado donde nadie nuevo tiene derecho a entrar.

¿Entonces?

Ni uno.
Ni otro.
Los dos.

EL CAPITAL EXISTE

¿Quién apareció detrás de la operación de Querétaro?

Capital estadounidense.

Un grupo de inversionistas encabezado por Innovatio Capital.

Mire usted cómo vuelve a cerrarse el círculo.

Estamos hablando de fondos alrededor del fútbol mundial.

De capital privado alrededor del fútbol europeo.

De Estados Unidos como gigantesca pasarela para la Liga MX.

Y cuando buscamos un ejemplo para explicar la diferencia económica entre Primera División y Expansión…

volvemos a encontrarnos con inversionistas.

El capital existe.

El capital está observando el fútbol.

El capital busca oportunidades.

Entonces la verdadera pregunta para los clubes de Expansión es:

¿Están preparados para recibirlo?

Porque quizá parte de la solución esté exactamente ahí.

Fondos de inversión.
Inversionistas institucionales.
Socios estratégicos.
Capital mexicano.
Capital estadounidense.
Family offices.
Empresarios.

Pero naturalmente existe un pequeño detalle.

El inversionista no es Santa Claus.

Si pone dinero…

quiere algo a cambio.

Acciones.
Información.
Consejeros.
Auditorías.
Participación.
Derechos.
Rendimientos.

Y eventualmente…

control.

QUIEREN EL DINERO… ¿PERO QUIEREN COMPARTIR EL PODER?

Ésta es la pregunta incómoda para algunos propietarios de Expansión.

¿Están dispuestos a capitalizar realmente sus clubes?

¿A incorporar socios?

¿A diluir su participación?

¿A profesionalizar consejos?

¿A abrir los libros?

¿A permitir auditorías?

¿A compartir decisiones?

¿Incluso a perder el control si aparece un inversionista capaz de llevar al club hacia otra dimensión?

Porque resulta muy cómodo decir:

«Quiero competir contra los grandes.»

Pero para competir contra los grandes…

probablemente necesite capital grande.

Y el capital grande exige algo que nuevamente nos lleva al principio de esta columna.

GOBERNANZA.

Un fondo serio no invierte cientos de millones porque le gustaron los colores de la camiseta.

Hace due diligence.

Revisa estados financieros.
Pasivos.
Flujos.
Derechos.
Contratos.
Mercado.
Estadio.
Audiencias.
Proyecciones.
Gobierno corporativo.

Y finalmente pregunta:

¿quién toma las decisiones?

Mire usted dónde terminamos.

Exactamente donde empezamos.

EL CÍRCULO SE CIERRA

Infantino quiere incorporar capital.

UEFA teme perder el control sobre ese capital.

Europa reivindica un modelo basado en mérito deportivo.

McAllister coloca la gobernanza en el centro de la conversación.

Los clubes mexicanos llegan a Estados Unidos y tienen enfrente un enorme mercado para atraer capital.

Querétaro termina en manos de inversionistas estadounidenses.

La Liga MX protege la solvencia y el valor de sus franquicias.

Expansión reclama el derecho a llegar por mérito.

Y los clubes que quieren subir necesitan capital para poder permanecer arriba.

Entonces aparece el inversionista.

Y cuando aparece…

pregunta por gobernanza.

FIFA.
UEFA.
Liga MX.
Leagues Cup.
Puebla.
Querétaro.
Liga de Expansión.
Europa.
Estados Unidos.

Parecían historias completamente diferentes.

No lo son.

Son partes de la misma discusión.

Quién pone el dinero.
Quién puede llegar.
Quién administra.
Quién toma las decisiones.

Y finalmente…

quién controla a quién.

MÉRITO + CAPITAL + GOBERNANZA

Quizá ésas sean las tres palabras que definirán al nuevo fútbol.

MÉRITO.

Porque sin mérito dejamos de hablar de deporte.

CAPITAL.

Porque sin dinero resulta imposible competir en el fútbol profesional moderno.

GOBERNANZA.

Porque sin reglas, límites y controles…

el dinero puede terminar controlando aquello que vino a financiar.

Ninguna funciona sola.

Mérito sin capital puede producir un campeón incapaz de sostenerse.

Capital sin mérito puede producir una competencia cerrada, cómoda y protegida.

Y capital sin gobernanza puede terminar entregándole el fútbol al dinero.

Por eso el verdadero desafío no consiste en escoger entre el modelo europeo y el estadounidense como si uno representara al bien y el otro al mal.

Consiste en comprender qué puede aportar cada uno…

y qué debe impedirse de ambos.

El modelo europeo protege el derecho a llegar.

El modelo estadounidense protege el valor de quien ya llegó.

El fútbol moderno tendrá que encontrar la manera de proteger ambos.

Y eso tiene un nombre.

Gobernanza.

¿QUIÉN ENTENDIÓ EL NUEVO FÚTBOL?

Y entonces regreso a Gianni Infantino.

Quizá ésa sea realmente la discusión que existe detrás de su guerra con la UEFA.

No simplemente si Infantino es bueno o malo.

No si Europa tiene razón o FIFA la tiene.

Mucho menos si debemos regresar a un fútbol romántico que probablemente ya no existe.

La discusión es mucho más grande:

¿Qué modelo administrará el fútbol que viene?

Uno con muchísimo más dinero.
Más mercados.
Más inversionistas.
Más plataformas.
Más competiciones.
Más países.
Más consumidores.

Y, por supuesto…

más intereses.

Infantino parece haber entendido perfectamente el poder del capital.

UEFA parece haber entendido el peligro de que ese capital termine modificando los equilibrios históricos del fútbol.

La Liga MX tiene enfrente un mercado extraordinario y todavía necesita aprender a explotarlo mejor.

Expansión reclama legítimamente mérito mientras debe resolver cómo financiarlo.

Y Laura McAllister comienza a repetir una palabra que quizá termine convirtiéndose en el verdadero campo de batalla:

gobernanza.

Todos están jugando el mismo partido.

Aunque algunos todavía no se hayan dado cuenta.


Amigo lector:

El dinero no es el enemigo del fútbol.

Tampoco es su salvador.

Es una herramienta.

Puede construir estadios.
Desarrollar jugadores.
Crear competiciones.
Expandir mercados.
Profesionalizar organizaciones.
Transformar clubes.
Y permitir que un pequeño se convierta en grande.

Pero también puede terminar cerrando la puerta detrás de quienes ya llegaron.

Por eso la gran batalla del fútbol moderno no será impedir que llegue el dinero.

Ya llegó.

Será decidir quién lo administra.
Quién lo regula.
Quién se beneficia.
Quién puede entrar.
Quién puede salir.
Y quién conserva finalmente el poder.

Quizá por eso, mientras seguimos discutiendo resultados, arbitrajes, viajes y campeonatos, el verdadero partido se está jugando en otro lugar.

Consejos de administración.
Fondos.
Congresos.
Tribunales.
Contratos.
Televisoras.
Plataformas.
Y urnas.

Porque el nuevo fútbol se juega con tres palabras:

MÉRITO.
CAPITAL.
GOBERNANZA.

El mérito determina quién merece llegar.

El capital determina quién puede sostenerse.

Y la gobernanza debe impedir que uno termine destruyendo al otro.

El que entienda solamente una…

terminará perdiendo frente al que entienda las tres.

Y no olvide este nombre, amigo lector:

LAURA McALLISTER.

Ni tampoco esta palabra:

GOBERNANZA.

La nueva manzana de la discordia en el fútbol mundial.

Mientras tanto, nosotros…

VEREMOS Y DIREMOS…

Hasta la próxima.

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