El día que las mujeres cambiaron las escobas por las urnas

El primer día en que México celebró una votación con participación femenina
Históricamente, las mujeres han sido catalogadas como demasiado sensibles y emocionales para tomar decisiones. Bajo esos argumentos, se les cerraron las puertas de la educación, la política y, por supuesto, del voto.
La historia relegó a las mujeres al ámbito doméstico.
Desde tiempos antiguos, su papel fue reducido al cuidado del hogar, la crianza de los hijos y las labores familiares.
Con el paso de los siglos, esa visión cambió de forma, pero no de fondo: podían administrar una casa, pero no un país. Podían criar ciudadanos, pero no elegir a sus gobernantes.
Durante décadas, la idea de que las mujeres eran incapaces de tomar decisiones políticas se convirtió en una justificación para mantenerlas alejadas de las urnas.
Sin embargo, hubo quienes desafiaron esa realidad.
Pioneras como Hermila Galindo, Elvia Carrillo Puerto, Margarita Robles, María Ríos Cárdenas y Esther Chapa encabezaron una lucha que duró décadas.
Organizaron manifestaciones, impulsaron huelgas de hambre, participaron en mítines políticos y se postularon para cargos públicos, aun cuando la ley no reconocía plenamente sus derechos.
En 1935 fundaron el Frente Único Pro Derechos de la Mujer, una organización que reunió a miles de mexicanas para combatir los prejuicios. Además, promovieron la igualdad y presionaron al Poder Legislativo para reconocer la ciudadanía plena de las mujeres.
El único aliado de las mujeres en los 50s
El esfuerzo rindió frutos el 17 de octubre de 1953, cuando se publicó la reforma constitucional que otorgó a las mujeres mexicanas el derecho a votar y ser votadas en elecciones federales. Esto sucedió durante el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines.
Pero el cambio legal no significó que desapareciera la resistencia. Sectores conservadores seguían sosteniendo que la política era un asunto exclusivo de los hombres y cuestionaban la participación femenina en las urnas.
Finalmente, el 3 de julio de 1955 quedó marcado como una fecha histórica. Por primera vez, las mujeres mexicanas ejercieron su derecho al voto en una elección federal para renovar la Cámara de Diputados.
Aquel día no solo se depositaron boletas en las urnas. También se confirmó que la ciudadanía no depende del género. Además, se demostró que un derecho conquistado después de décadas de lucha puede transformar la historia de un país.
Setenta y un años después, aquella jornada sigue recordando que el voto femenino en México no fue un regalo del poder. Al contrario, el voto femenino fue el resultado de la perseverancia de miles de mujeres que se negaron a aceptar que eran «demasiado niñas» para decidir el futuro de su nación.
