Jalón de orejas legislativo a malos alcaldes

Pavel Gaspar lanza un llamado a los malos alcaldes de Puebla. La columna analiza los casos de Acatlán de Osorio y Chignahuapan.

Jalón de orejas legislativo a malos alcaldes

El Confesor: Jalón de orejas legislativo a malos alcaldes

Las y los presidentes municipales poblanos que no están haciendo un buen gobierno están plenamente identificados. Y en El Confesor los tenemos perfectamente ubicados.

El viejo refrán que dice: “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”, debería ser tomado muy en serio por las y los 217 alcaldes del estado.

El mensaje que ayer lanzó el líder del Congreso, Pavel Gaspar Ramírez, fue claro y contundente: “Dejen de gastar en ocurrencias y atiendan sus obligaciones”.

El diputado local de Morena no se anduvo por las ramas. Su llamado fue directo para que los presidentes municipales cumplan con sus responsabilidades constitucionales. Además, pidió que dejen de destinar recursos públicos a proyectos caprichosos o de lucimiento personal.

Afortunadamente, son muchos más los municipios donde se está haciendo un buen trabajo. Sin embargo, en esta ocasión hablaremos de dos casos en particular: uno en la Mixteca y otro en la Sierra Norte.

El primero es Acatlán de Osorio, donde la presidenta municipal, Guadalupe Lucero Bárcenas, ha hecho todo lo posible para ganarse el rechazo de buena parte de la población. Sus malas decisiones, excesos, escándalos personales y, sobre todo, una pésima estrategia de gobierno, la tienen hoy enfrentada con gran parte de sus gobernados.

El segundo caso es el del alcalde de Chignahuapan, Juan Rivera Trejo, quien en el poco tiempo que lleva en el cargo ha logrado algo poco común. Ha unido a gran parte de la población… pero en su contra.

En este Pueblo Mágico, el edil —mejor conocido como “El Diablo”— ha sido señalado por prácticas de nepotismo, excesos, lujos, malos tratos y una evidente falta de capacidad para gobernar. Además, pareciera que le interesa más aparecer en redes sociales junto a su esposa que atender los problemas de su municipio. Mientras tanto, la inseguridad ha aumentado de manera considerable desde el inicio de su administración.

En este caso, ni él ni sus “brillantes asesores” han encontrado la forma de recuperar la confianza de las y los chignahuapenses.

Las palabras del presidente del Congreso, aunque sin mencionar nombres, parecen dirigidas precisamente a perfiles como estos.

El legislador tiene razón cuando afirma que el mandato popular recibido en las urnas exige resultados, soluciones inmediatas y dejar atrás el protagonismo. También exige dejar atrás los excesos y las malas decisiones.

A estos dos funcionarios municipales, ambos emanados de Morena, pareciera olvidárseles que la transparencia en el uso del presupuesto es una obligación. Los recursos públicos pertenecen a la ciudadanía, no a quienes temporalmente administran los ayuntamientos.

Pavel Gaspar también recordó que las administraciones municipales deben ser honestas y colocar en el centro de sus decisiones las verdaderas necesidades de la población. No sus frivolidades.

“En Puebla hay presidentes municipales que, en lugar de invertir en temas que beneficien a la ciudadanía, como la seguridad y los servicios públicos, lo hacen en proyectos personales.”

Más claro, imposible.

Estos dos personajes representan una vergüenza para su partido, para quienes los respaldaron políticamente y, sobre todo, para las y los ciudadanos a quienes gobiernan.

No deben olvidar que la función principal de un gobierno municipal es atender las necesidades básicas de la población: seguridad pública, alumbrado, drenaje, agua potable, recolección de basura y demás servicios esenciales.

A Guadalupe Lucero Bárcenas y Juan Rivera Trejo parece habérseles olvidado que los recursos públicos deben ejercerse con responsabilidad y utilizarse para mejorar la calidad de vida de la ciudadanía. Estos recursos no deben usarse para satisfacer intereses personales.

Sin duda existen más casos que merecen ser señalados y que abordaremos en próximas entregas. Mientras tanto, los habitantes de Acatlán de Osorio y Chignahuapan continúan padeciendo lo que muchos consideran dos de las peores administraciones municipales de los últimos años.

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