JUSTICIA A LA CARTA

En Tehuacán no aterrizó solamente un juez con antecedentes incómodos.Aterrizó Venustiano Islas López, un juzgador con sanciones

JUSTICIA A LA CARTA

JUSTICIA A LA CARTA

En Tehuacán no aterrizó solamente un juez con antecedentes incómodos.

Aterrizó Venustiano Islas López, un juzgador con sanciones, quejas y una trayectoria que obliga a mirar cada movimiento con lupa.

Y la sospecha política es explosiva: que Olga Romero habría operado cambios dentro del Poder Judicial para retirar perfiles que no respondían a sus intereses y colocar otros más funcionales a sus asuntos personales.

No hay prueba pública suficiente para afirmar una componenda consumada.

Pero la secuencia apesta.

Jueces incómodos fuera.

Un perfil cuestionado dentro.

Y una plaza caliente, cargada de pleitos patrimoniales, familiares y políticos, lista para ser atendida por alguien cuya carrera ya ha caminado al borde.

Eso no parece una simple rotación.

Parece una operación.

Porque cuando una dirigente partidista pretende acomodar la justicia a sus conveniencias, deja de defender el estado de derecho y empieza a administrarlo como patrimonio propio.

Y si Venustiano Islas acepta jugar ese papel, pone su carrera en un hilo.

Cada resolución, cada criterio y cada beneficio procesal será leído bajo la sospecha de haber sido dictado no desde la ley, sino desde el compromiso.

Olga Romero puede creer que mueve jueces como mueve piezas políticas.

Pero la justicia no es estructura partidista.

No es herencia.

No es instrumento para ajustar cuentas ni para rescatar intereses privados.

En Tehuacán no hace falta un juez útil para alguien.

Hace falta un juez independiente de todos.

Y si detrás de esta llegada hubo una operación para servir a Olga Romero, no estaríamos frente a una irregularidad menor.

Estaríamos frente a un intento de secuestrar la justicia desde la política.

Eso no solo mancha a un juez.

Mancha al Poder Judicial entero.

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