Morena, la herencia y el costo político de una obsesión

Morena, la herencia y el costo político de una obsesión

EL CONFESOR

Hay pleitos familiares que terminan en juzgados y hay pleitos familiares que terminan exhibiendo hasta dónde puede llegar el poder cuando se mezcla con la ambición. El caso de la dirigente estatal de Morena en Puebla, Olga Romero Garci-Crespo,o Mónica Caballero, porque a estas alturas dentro del propio partido ya ni siquiera saben qué nombre pesa más en sus operaciones políticas, dejó de ser únicamente un conflicto por una herencia.

Hoy el tema tiene otra dimensión. Mientras Morena intenta sobrevivir a sus propios escándalos nacionales, en Puebla la marca del partido continúa desgastándose por una historia que mezcla poder político, influencias, fiscalía, cuerpos de seguridad,detenciones cuestionadas y una mujer enferma cuya salud, según personas cercanas al caso, se ha deteriorado día con día. Y esa mujer tiene nombre: Estela Romero Bringas.

Las versiones que circulan entre personas cercanas a la familia son delicadas. Refieren que el día de su detención, elementos de seguridad habrían mantenido a Estela Romero sin oxígeno durante varias horas, pese a depender de asistencia respiratoria.Para una persona enferma, ese tiempo puede representar una diferencia brutal entre estabilizarse o comenzar un deterioro físico severo. Según las fuentes consultadas, desde ese momento su estado de salud nunca volvió a ser el mismo.

Después vino otro episodio que nuevamente generó indignación entre quienes siguen el caso: la audiencia de vinculación. Ahí, aseguran, volvió a presentarse una crisis de oxigenación mientras el procedimiento continuaba, pese al agravamiento visible de su condición médica. Desde entonces, la historia parece sacada de una novela de terror político.

Porque hoy Estela Romero prácticamente vive rodeada de equipo médico. No porque el arraigo domiciliario lo exija, sino por temor. Temor a salir, temor a acudir a un hospital y temor a que cualquier traslado vuelva a convertirse en un episodio que agrave todavía más su estado de salud.

Y ahí aparece la pregunta más incómoda de todas: ¿quién responderá si algo le ocurre a Estela Romero? Porque cuando el poder político entra a un conflicto familiar utilizando estructuras institucionales, la línea entre justicia y persecución comienza a difuminarse peligrosamente. Y eso es precisamente lo que hoy muchos, dentro y fuera de Morena, comienzan a cuestionar. Porque el tema no solamente golpeó a la familia.

Golpeó también al partido. Dentro de Morena existe molestia creciente porque consideran que Olga Romero volvió a abrir un frente que permanecía cerrado desde hace tiempo y que jamás debió convertirse en un escándalo político estatal.

Pero la obsesión pudo más. La ambición pudo más. Y hoy Morena carga el costo.

Mientras el país enfrenta problemas de inseguridad, economía y desgaste político, en Puebla la dirigente estatal aparece vinculada a un conflicto hereditario donde ya no se habla únicamente de dinero o patrimonio. Ahora se habla de salud, de presunto abuso institucional, de uso político del poder y de una mujer enferma deteriorándose día tras día. Lo más delicado para Morena es que la narrativa comenzó a construirse sola: una dirigente estatal señalada por una disputa familiar convertida en conflicto político, instituciones cuestionadas por su actuación y una persona enferma cuya situación médica continúa agravándose mientras el partido intenta contener el costo. Porque ése es el problema de mezclar ambiciones personales con poder político: tarde o temprano todo termina salpicando. Y en Puebla ya salpicó.Fuentes cercanas al partido reconocen que el tema se convirtió en un dolor de cabeza nacional porque golpea exactamente donde más afecta a la llamada Cuarta

Transformación: su narrativa moral. Morena podrá resistir ataques de la oposición. Lo que difícilmente puede resistir es la percepción de que algunos de sus dirigentes utilizan el poder para resolver asuntos personales. Y peor aún cuando en medio queda una persona enferma.

Por eso hoy la pregunta dejó de ser solamente jurídica. También es política. Y humana. Porque si la salud de Estela Romero continúa deteriorándose, inevitablemente surgirá una discusión sobre responsabilidades políticas y morales. Y en Puebla muchos consideran que las miradas apuntarán hacia una dirigencia señalada por intentar controlar demasiado, por confundir partido con poder y por correr el riesgo de convertir una disputa familiar en una crisis política.

About The Author