Socorro Romero: el legado que sobrevivió a todos los embates

La grandeza del emporio creado por Socorro Romero Sánchez no nació de la casualidad.

Socorro Romero: el legado que sobrevivió a todos los embates

La grandeza del emporio creado por Socorro Romero Sánchez no nació de la casualidad.

Fue producto de décadas de trabajo, disciplina, visión empresarial y arraigo regional. Lo que empezó como una historia de esfuerzo terminó convertido en uno de los grupos avícolas más importantes de Puebla y del país; una empresa que no solo produce, sino que sostiene empleos, familias, proveedores, comunidades y buena parte del pulso económico de Tehuacán.

Pero desde la muerte de la señorita Socorro Romero, ese legado ha tenido que enfrentar batallas gigantes.

Casi dos décadas de golpeteos.

Casi dos décadas de litigios.

Casi dos décadas de intentos por convertir una empresa histórica en botín familiar, político y judicial.

El primer gran frente —y el más largo— ha sido el litigio emprendido por Olga Lucía Romero Garci-Crespo, actual dirigente estatal de Morena en Puebla, quien tras el fallecimiento de Socorro Romero inició una ruta legal para reclamar presuntos derechos hereditarios sobre el patrimonio de la empresaria.

La historia comenzó, incluso, con un dato que siempre llamó la atención: su cambio de nombre. De Mónica Caballero Garci-Crespo pasó a ser Olga Lucía Romero Garci-Crespo. Desde ahí, el expediente dejó de ser solamente jurídico y empezó a tener una carga política, mediática y familiar difícil de ignorar.

Después vino la batalla contra los herederos reconocidos en el testamento: Estela Romero Bringas, Miguel Ángel Celis Romero y Alfonso Celis Romero. La narrativa de Olga fue impugnar el documento, alegar una supuesta falsificación y buscar colocarse como figura central dentro de la sucesión.

Ese litigio lleva más de una década y, según distintas versiones públicas y resoluciones conocidas, no ha sido una ruta de victorias para la dirigente morenista. Al contrario: ha estado marcado por reveses, reaperturas, nuevas ofensivas y una insistencia que, con el paso del tiempo, terminó desgastando no solo su causa, sino también su imagen pública.

El momento más delicado llegó cuando el asunto pareció mezclarse con poder político.

Durante los años de mayor fuerza del barbosismo, el expediente tuvo movimientos que sus adversarios consideran inexplicablemente veloces. Y cuando Olga Romero creyó que el escenario empezaba a acomodarse a su favor, la historia volvió a cambiar: murió Miguel Barbosa, murió Alfonso Celis Romero —uno de los herederos— y el conflicto regresó a una zona de mayor tensión.

Este año, el caso volvió a sacudir a Puebla con una acción penal que terminó alcanzando a una mujer de edad avanzada y a un notario también adulto mayor. Para los adversarios de Olga, aquello fue un exceso. Para su defensa, se trató de un procedimiento legal. Pero para la opinión pública quedó una imagen difícil de borrar: una disputa hereditaria convertida en espectáculo de poder.

Ese ha sido el primer gran desgaste del consorcio.

El segundo llegó desde adentro.

En el último año, Socorro Romero Sánchez enfrentó otra batalla: el choque entre Miguel Ángel Celis Romero y Alfonso Celis Enecoiz. Según cuando, su tío se negó a reconocerle los derechos y acciones que le correspondían dentro de la empresa, mismos que su padre, Alfonso Celis Romero, le habría transmitido en vida.

Ese conflicto abrió una nueva herida en el grupo empresarial.

Fue una disputa dura, incómoda, familiar y corporativa, que volvió a poner sobre la mesa el riesgo de que el legado de Socorro Romero siguiera atrapado entre ambiciones, expedientes y fracturas internas.

Pero ahí apareció una diferencia.

Alfonso Celis Enecoiz optó por la serenidad.

No convirtió la disputa en una guerra sin salida. No apostó por incendiar la empresa. No perdió de vista que, por encima del conflicto familiar, estaba el legado de Socorro Romero Sánchez, la memoria de su padre y la responsabilidad frente a miles de trabajadores.

Esa prudencia permitió llegar a un acuerdo, reordenar la correlación interna, asumir la presidencia del Consejo de Administración y abrir una nueva etapa para el consorcio.

No es poca cosa.

Alfonso Celis Enecoiz recibe una empresa fuerte, sí, pero golpeada por años de tensión. Recibe un emporio con historia, pero también con heridas. Recibe un legado inmenso, pero con la obligación de blindarlo de quienes han intentado usarlo como plataforma de disputa personal, presión política o ambición patrimonial.

El reto es enorme.

Debe reestructurar la estrategia legal.

Debe dar certidumbre a trabajadores y accionistas.

Debe recuperar confianza entre proveedores y aliados.

Debe proteger la operación de la empresa.

Y debe convertir su llegada en algo más que un relevo: en una señal de estabilidad para Tehuacán.

Porque Socorro Romero Sánchez no es solamente una empresa familiar. Es una institución económica de la región. Lo que ocurre adentro tiene impacto afuera. Lo que se ordena en el consejo se siente en la ciudad. Lo que se estabiliza en el consorcio genera confianza en el sector empresarial.

Por eso la llegada de Alfonso importa.

Su juventud, liderazgo y capacidad pueden abrir una nueva etapa. Una etapa donde el consorcio deje de vivir a la defensiva y vuelva a mirar hacia el crecimiento. Una etapa donde la empresa no solo se proteja jurídicamente, sino que también se proyecte hacia el futuro. Una etapa donde Socorro Romero Sánchez vuelva a ser noticia por su fuerza productiva y no por los pleitos que otros le han impuesto.

Los trabajadores necesitan certeza.

Los accionistas necesitan orden.

La comunidad necesita estabilidad.

Y Tehuacán necesita que su empresa más importante deje atrás los años de tormenta.

Alfonso Celis Enecoiz tiene hoy una encomienda que va más allá de dirigir un consejo. Debe defender un legado, recomponer una institución empresarial y construir un puente entre el sector privado y el poder público.

Porque después de tantos años de golpeteo, Socorro Romero Sánchez necesita algo muy simple y muy difícil: paz para crecer.

El emporio sobrevivió a los embates.

Ahora le toca entrar a una nueva etapa.

Y esa etapa, para bien de Tehuacán, ya empezó.

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